Cuando me dijeron que iba a ejercer una profesión vocacional jamás pensé que iba a serlo sin derechos y sin las condiciones mínimamente apropiadas para su desempeño. Si además ésta se desarrolla en el ámbito de la Atención Primaria te hablan del compromiso hacia el paciente y la Comunidad como algunos de los valores fundamentales de la actividad del médico de familia. Tampoco imaginaba que esto iba a servir precisamente como argumento para que cualquier exigencia por parte de la Administración pudiera ser impuesta.

Sí era fácil presuponer que el progresivo envejecimiento de la población acabaría haciendo difícilmente sostenible un sistema que no recibe las inversiones presupuestarias de forma acorde a las mayores demandas socio-sanitaria. También cada vez son más los avances médicos, los procedimientos y las técnicas que por sus resultados, una Sociedad desarrollada – e informada – puede y debe exigir a los gestores de su Sistema Sanitario.

Estos gestores están depositando en la Atención Primaria gran parte de la responsabilidad en el desarrollo, mantenimiento y seguimiento de muchos de estos programas y proyectos de Salud, algunos que no existían, otros que antes eran asumidos por la Atención Especializada, sin una planificación y adecuación de los recursos mínimamente precisos para ello.

Protocolos que no existen, que incluso nacen obsoletos, que no se conocen o que -aun existiendo- no hay forma de encontrar en la intranet. Puede que preguntar por ellos dé como respuesta que se comunicó de su existencia entre esas decenas de correos que recibimos a diario. Pero es tanta la actividad asistencial que lo habitual es no disponer de tiempo para la comunicación interna, para asistir a las sesiones… y a acumular retrasos que solapan el tiempo de descanso con el siguiente bloque de citas, a que los indemorables aparezcan forzados incluso en estos periodos de interrupción necesaria, a que se siga prolongando la jornada más allá de los horarios establecidos y así algo que nos es propio como la visita domiciliaria se vea como una amenaza pues suele conllevar que ese día terminaremos tarde …también.

Están tan ajustadas las agendas en su diseño que cualquier contratiempo da lugar a que la excepción de sobrepasar el horario de salida se haya convertido en algo mucho más frecuente, dificultando e interfiriendo la conciliación laboral con la familiar en no pocos casos.

Plantear la situación concreta a las Jefaturas dará como respuesta la focalización del origen del problema de la sobrecarga asistencial a características propias del profesional, a su idiosincrasia personal,su forma de trabajar, a algo que hacemos mal y que deberemos corregir…. mirar hacia otro lado en definitiva, no sea que conlleve reconocer alguna de las numerosas carencias del sistema y para las cuales no está prevista ninguna medida correctora o de mejora que conlleve asumir la desproporción de lo que se pide con los medios que se proporciona.

Entre tanto Osakidetza insiste en la Seguridad del paciente ¿Cómo hacer compatible ésta con las condiciones reales de desempeño de nuestro trabajo? Presbide apenas advierte sobre las interacciones, el Vademecum del médico de familia abarca casi la totalidad de la farmacopea existente y hay que regularizar periódicamente los tratamientos de la totalidad de nuestros pacientes sin tiempo para conocer los cambios en el evolutivo o el resultado de las consultas a especialistas.

Todo ello, insisto, con protocolos inaccesibles en tiempo y ubicación en su mayoría y a lo que se ha de añadir la falta de formación y actualización por parte de la empresa hacia los médicos de primaria en tanta patología, procesos emergentes, nuevos tratamientos que exigen de un conocimiento de las potenciales interacciones o de la manifestación de efectos adversos, pues también debemos supervisar e integrar todos los procesos asistenciales del paciente y la totalidad de la prescripción, pues finalmente toda la medicación aparecerá con la firma de un médico de familia.

Todo esto debe hacerse en citas administrativas de 5 minutos sin la presencia del paciente, y en algunos casos incluso en citas forzadas pues el paciente ha de continuar con el tratamiento y la siguiente receta requiere de su actualización inmediata. Pero es sólo un ejemplo más de lo mucho que se pretende con lo poco que se proporciona para adecuar el fin a los medios.

Nada de esto es ajeno al conocimiento de las jefaturas. Parece que será preciso un incidente crítico o una epidemia de situaciones de “burnout” para que apliquen medidas correctoras. Por ello no se evalúa el riesgo psicosocial de los trabajadores, temen que el resultado refleje de forma objetiva la situación laboral de la mayoría, confiados precisamente en esa vocación entrega y compromiso que nos hace tan complacientes frente al abuso. ¿Sería posible el actual funcionamiento de la Atención Primaria sin la buena voluntad y disposición de sus profesionales? Por nuestra salud y la de nuestros usuarios es momento ya de exigir una mejora en nuestras condiciones de trabajo.

 

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