El caso de Alfredo de Miguel es la muestra de un fallo sistémico. Exigimos otro tipo de funcionamiento en las empresas y fundaciones públicas vascas.

 


Foto: Correo

 

« Una mezcla de  paternalismo, clientelismo y poca transparencia  son las dinámicas que dirigen las empresas »

 

Las empresas como HAZI se gestionan, pivotan y dirigen mediante la dirección del poder político que en este caso está relacionado con el Departamento de Agricultura del Gobierno Vasco, mediante la consejería y su viceconsejería. En consecuencia, los gerentes y directores generales de las empresas se nombran y jerarquizan a través de ese poder político. De esta manera, la empresa se vincula a la política y la política a la empresa. Este hecho, con el devenir de los años ha llevado a unas formas de funcionamiento de la empresa que no son acordes a las que debieran de tener las empresas que miran al futuro con perspectivas de negocio y rentabilidad. Pero, tampoco no es nada bueno esta realidad si lo analizamos desde el punto de vista del desarrollo laboral de las trabajadoras y trabajadores.

 

Clientelismo, paternalismo y falta de transparencia

Una mezcla de paternalismo, clientelismo y poca transparencia son las dinámicas que dirigen las empresas. El clientelismo, deriva en que las personas cercanas a dirección en el organigrama de la empresa asumen una jerarquización total de manera absurda de la empresa. Jerarquización, que está llevando a la empresa a un bloqueo en la gestión diaria. Lo único que importa es el cargo, el nivel,… El equipo, la formación, la creación de grupos de trabajo, la realización de proyectos rentables económicamente e ilusionantes para que hagan a la empresa ser competitiva en el mercado real han desaparecido. Se trata de gestionar lo que viene y de esperar a lo que viene. Con mucho dinero público y subvención la empresa no es capaz de crear proyectos reales que hagan posicionarse a la empresa en el mercado, y tampoco es capaz de atraer a los objetivos personales y profesionales de las trabajadoras trabajadores para que se identifiquen por lo menos, aunque sea en parte, con los objetivos de la empresa.

Esta forma de funcionar, que se asume como el “estilo” de la empresa, también tiene repercusiones psicológicas y laborales propios y particulares en la empresa. Trabajadoras y trabajadores válidos y proactivos son marginados en la empresa por el mero hecho de ver las cosas de distinta manera, o por intentar cambiar el funcionamiento y el “estilo” de la misma. Esta realidad tan dura se convierte en una pesadilla para muchos de las trabajadoras y trabajadores que acuden diariamente a su puesto de trabajo. Hace tiempo que la ilusión desapareció, y en consecuencia, hace tiempo que la empresa desapareció. No importa la valía de la trabajadora o trabajador, tampoco importa la experiencia, lo que importa es la obediencia de la trabajadora y trabajador al “estilo” de la empresa. Pero, al asumir el “estilo” de la empresa, también se asume que las trabajadoras y trabajadores no son inclusivos en la toma de decisiones de la empresa, en cambio, son herramientas al servicio de la burocracia jerarquizada de la empresa.

 

« El interés colectivo ha sido sustituido los  intereses individuales  »

 


Foto: Berria

 

Caso de Miguel

Poder clientelar donde las personas que se relacionan con el poder político desde la empresa tienen el poder absoluto en todas las decisiones que se vayan a tomar en la empresa. No ponemos en ningún momento en duda, ni la profesionalidad, ni el buen hacer de Alfredo de Miguel como trabajador en la empresa HAZI. Lo que si denunciamos es el sistema clientelar establecido por el poder político durante largos años en empresas públicas como HAZI, que también han llevado a que los diferentes comités de empresa históricamente hayan admitido y avalado esta forma como única forma de funcionamiento en estas empresas. El interés colectivo con el paso del tiempo ha sido sustituido por la suma de los intereses individuales de las distintas trabajadoras y trabajadores.

La clase política, que ha sido y es el máximo responsable de lo que ocurre en empresas como HAZI, está conforme con esta situación, en más, activa y mantiene el guion establecido. Cuanta más jerarquización, menos preguntas sobre lo que ocurre dentro de la empresa, y sin preguntas más probabilidades de que todo siga igual de forma clientelar.

Seguiremos insistiendo y exigiendo otra visión y otro tipo de funcionamiento en las empresas y fundaciones públicas vascas para que tengan proyección en el siglo XXI.

 

Caso de Miguel: empresas públicas y clientelismo en Euskadi

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