Este 1º de mayo saldremos a las calles para denunciar que la misma mano que firma los recortes aquí financia las bombas allí. Basta de empobrecimiento e imperialismo.

« La exclusión deja de ser un accidente y se constituye en un rasgo estructural del modelo socioeconómico »
Manifestaciones 1º mayo
- Bilbao: Gran Via 56 11:30 h.
- Donostia: San Telmo museoa 12:00 h.
- Iruñea: Plaza de los ajos 12:00 h.
- Gasteiz: Palacio Europa 12:30 h.
Ellos ganan, nosotras y nosotros perdemos
En marzo de este año, Euskal Herria se movilizó masivamente en contra del empobrecimiento de la clase trabajadora y para reclamar un SMI de 1.500€. Tras la huelga general y a pesar la interrelación directa que la clase trabajadora hicimos a patronales y gobiernos estos siguen reacios a tener en cuenta nuestras reivindicaciones.
Este 1 de mayo, las trabajadoras y los trabajadores saldremos a la calle para demostrarles tanto a gobiernos como patronales que no vamos a permitir que sigan empobreciéndonos para enriquecerse a nuestra costa y, menos aún, que lo hagan justificando, por acción o por omisión, guerras e injerencias imperialistas.
Las trabajadoras y trabajadores hemos perdido ya la cuenta de las crisis que hemos tenido que vivir. Crisis de todo tipo, financieras, bélicas, sanitarias... Cada una ha tenido diferentes apellidos pero un único resultado, privatizan los beneficios y socializan las pérdidas, nosotras perdemos y ellos ganan. Ganan ellos y lo hacen en nombre de este sistema capitalista criminal que con la complicidad de los diferentes gobiernos antepone sistemáticamente el beneficio privado de unos pocos frente al bienestar de la mayoría. Perdemos las trabajadoras y los trabajadores que crisis tras crisis somos quienes asumimos su coste, quienes tenemos que hacer frente a la destrucción del empleo, a una mayor precariedad, al aumento de la pobreza, al debilitamiento de los servicios públicos....
Las trabajadoras y trabajadores de Euskal Herria perdemos derechos y capacidad económica para sostener una vida digna pero hay quienes con la imposición de esta economía de guerra a la que nos someten pierden también la vida. Lo único que les importa es seguir acumulando riqueza y poder aunque para ello tengan que seguir asesinando gente, sino ¿cual es la razón para que los estados miembros de la UE acordasen un incremento del 5% del PIB en gasto militar? Desvían ingentes cantidades de dinero para fomentar destrucción y miseria, recursos que deberían destinar a garantizar los derechos sociales más básicos como la educación o la sanidad pública. En fin, ¿A quien puede extrañarle este afán militarizador? No les importa seguir ahogando a quienes tienen cerca como para preocuparse de otros.
Mientras día tras día con sus políticas empobrecen a la clase trabajadora; las grandes corporaciones, entidades financieras y los fondos de inversión no dejan de engordar sus beneficios. En un planeta donde nunca se ha generado tanta riqueza, esta se concentra cada vez en menos manos, profundizando en las desigualdades y condenándonos a la pobreza y la exclusión social. Se está configurando la sociedad del desasosiego, en la que la exclusión deja de ser un accidente y se constituye en un rasgo estructural del modelo socioeconómico.

« La misma mano que firma los recortes aquí financia las bombas allí »
Nuevo orden mundial: rentabilidad a prueba de bombas
La clase trabajadora no solo nos revelamos contra la precariedad a la que nos someten, sino contra un sistema global que mata, saquea y oprime. Estados Unidos e Israel nos quieren imponer un “nuevo orden” de agresión y para ello cuentan con la complicidad activa, o el silencio interesado, de las grandes potencias y de los gobiernos que dicen defender la democracia mientras sostienen la barbarie.
Para ello bombardean pueblos, saquean recursos o imponen bloqueos criminales que condenan colectivamente a millones de personas. Destruyen vidas y territorios enteros con el aval de instituciones internacionales que han dejado de ser garantes de derechos para convertirse en herramientas del poder y por lo tanto cómplices de este desastre.
Ante esta situación, la clase trabajadora no puede ni quiere ser cómplice. Nos negamos a mirar hacia otro lado. Hoy, más que nunca, estamos junto a los pueblos que sufren las agresiones imperialistas.
La misma lógica que precariza nuestras vidas, desmantela los servicios públicos y niega nuestros derechos aquí, es la que aplasta a los pueblos en otras partes del mundo. La misma mano que firma los recortes aquí financia las bombas allí. El mismo sistema que nos empobrece aquí expolia allí. Es un solo sistema, con una sola lógica: el beneficio por encima de nuestras vidas y de la del planeta.
El derecho a la autodeterminación, igual que sucede aquí, es pisoteado por intereses geopolíticos y económicos. No nos equivoquemos el colonialismo no es una reliquia del pasado: se reinventa, cambia de forma, pero mantiene intactos sus objetivos de dominación, explotación y despojo. Y sigue matando porque es así como logra sus objetivos.
Frente a este colonialismo renovado, frente a esta red de complicidades institucionales, frente a quienes miran hacia otro lado mientras la clase trabajadora es golpeada dentro y fuera de nuestras fronteras, hay una sola alternativa: más internacionalismo, solidaridad entre pueblos, construcción de soberanías populares y seguir luchando para acabar con este sistema que nos oprime.
Este 1 de Mayo saldremos a la calle también por todos esos pueblos que resisten al bloqueo, a la ocupación y al bombardeo. Porque su lucha es también la nuestra.

« La pobreza no es un accidente, es una herramienta de control »
No es mala suerte: es origen, clase y género
El sistema capitalista organiza nuestras vidas de forma desigual, repartiendo los trabajos, el tiempo, los derechos y el acceso a los recursos en función del género, el origen y la posición social. Las mujeres tenemos peores salarios y peores condiciones laborales y en este reparto de los trabajos a las mujeres se les asigna de manera sistemática el trabajo del hogar y los relacionados con los cuidados.
Esta realidad es el resultado de decisiones políticas, unas decisiones que repercuten directamente sobre la clase trabajadora y que castigan especialmente a las mujeres condenándoles a la miseria. Los sectores feminizados tienen mayores dificultades algo que se manifiesta de de forma aún más dura en las mujeres migradas y racializadas. La desigualdad tiene origen, clase y género.
No podemos obviar que la realidad laboral de las mujeres se enmarca en un contexto socio-político que agrava aún más la situación. La subida desorbitada de los precios, las dificultades para acceder a la vivienda, la brecha en las pensiones, los recortes en los servicios públicos....nos están llevando a un empobrecimiento que afecta principalmente a las mujeres y se intensifica en las trabajadoras más precarizadas.
La pobreza no es un accidente, es una herramienta de control. El sistema utiliza el miedo, la inseguridad y la culpa para disciplinarnos especialmente a las mujeres.
No estamos en un momento fácil de historia, ninguno lo ha sido para las mujeres, cada día recibimos noticias que alimentan nuestra angustia y ponen en jaque ese espejismo de la igualdad y el bienestar: el avance de la ultraderecha, las políticas migratorias criminales, la pérdida de derechos que creíamos consolidados, los nuevos colonialismo, las guerras... son un cóctel tóxico de miedo, desilusión y amenaza que solo busca paralizarnos.
Cuando nos enfrentamos a un modelo que prioriza el beneficio económico por encima de las personas y su bienestar es necesario construir una economía feminista que ponga en el centro la sostenibilidad de la vida en todas sus facetas.
1º Mayo: ¡Lucha contra el capitalismo y el imperialismo!
1 Mayo: La industria militar no es alternativa
1º mayo: Vuestras recetas no nos valen
1º mayo: Frenemos su avarcia
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