El 26 de enero las trabajadoras y trabajadores de los sectores profesionalizados de los cuidados vamos a la huelga para mejorar nuestras condiciones de trabajo y en contra de las privatizaciones.

huelga sector cuidadados Euskadi 26 enero

 

Tenemos que poner los cuidados de las personas y los trabajos de cuidados en el centro de las políticas y de la sociedad. Ello pasa por el reconocimiento de todos los trabajos de cuidados y la dignificación de las condiciones de todas las personas que trabajamos para garantizarlos.

Es por ello que ESK llamamos a la huelga a las trabajadoras de los servicios sociales e intervención social, de los centros de atención a la tercera edad y a personas con diversidad funcional, las trabajadoras del servicio de asistencia domiciliaria y de la teleasistencia. Vamos a la huelga el 26 de enero para reivindicar la dignificación de nuestras condiciones laborales y la creación de un sistema público integral de cuidados.

El 26 de enero las y los cuidadores paramos para cuidarnos y cuidar mejor.

 

Asamblea virtual de huelga

El miércoles 20 a las 17:30 h. realizaremos una reunión virtual abierta a afiliadas/os y simpatizantes. Lo haremos a través de la aplicación Zoom: para ello primero hay que tener instalada esta aplicación y luego pulsar este enlace. Cuando te pida la clave de acceso pon este número 426580

 

Motivos para la huelga

Los motivos para salir a la huelga el próximo 26 de enero son muchos y en ESK queremos poner el foco en los siguientes:

  1. Reconocimiento de los cuidados como una responsabilidad pública: Por un sistema público integral de cuidados.

    Desde ESK creemos que es el momento de reconocer que, los trabajos de cuidados son indispensables para el sostenimiento de las vidas de todas las personas.

    Es por ello que reclamamos que, los trabajos de cuidados sean reconocidos como un sistema de responsabilidad pública y de derechos. Derechos que tienen que ser reconocidos y blindados para las personas que reciben los cuidados, pero también para quienes los prestan.

  2. Aumento de recursos para hacerlo posible: Por la creación de 10.000 puestos de trabajo para garantizar unos servicios de calidad.

    Las políticas públicas de recortes y privatizaciones de la última década han dejado a las trabajadoras de cuidados en una de precariedad extrema, especialmente en algunos de los sectores. Podemos afirmar que se trabaja en servicios mínimos de manera constante.

    Y la pandemia ha venido a evidenciar que nuestros servicios de cuidados, están en la UCI:

    • Personas atendidas de forma precaria, servicios interrumpidos o convertidos de la noche a la mañana, en servicios a distancia sin medios que garanticen una prestación adecuada.

    • Contagios masivos y fallecimientos en centros y recursos en los que las personas trabajadoras han tenido que hacer malabares para seguir cuidando a pesar de la falta de personal, las insuficientes e inadecuadas medidas de protección, EPIs, protocolos claros, etc.

      Lo ocurrido en la atención a las personas mayores y dependientes y la alta tasa de incidencia de la pandemia en algunos sectores, no puede volver a suceder.

      Que más de 9 meses después del estallido de la pandemia, en muchos servicios del ámbito de los cuidados, se continúen sin garantizar la seguridad, es intolerable.

      Es hora de decir basta y de salir a la calle. Es hora de reclamar la creación urgente de al menos, 10000 puestos de trabajo que se sumen a los actuales y permitan una cobertura adecuada de las necesidades de cuidados del conjunto de la población.

  3. Mejorar las condiciones de trabajo con perspectiva feminista.

    No es casualidad que la mayoría de las tareas de cuidado se realicen sobre las espaldas de las mujeres. Es un sector feminizado, con un 90% de mujeres trabajadoras, y las caras de las jefaturas son casi siempre de hombres. Este sector no se valora porque sigue siendo considerado un tema privado y además las mujeres lo cumplen como una extensión de las responsabilidades domésticas.

    Las condiciones laborales en el sector son generalmente malas y, como ejemplo extremo, las empleadas de hogar, pese a no querer, no se reconocen que trabajan en igualdad de condiciones.

    Las instituciones públicas dicen que son feministas, pero lo cierto es que todavía, sin ningún tipo de pudor, ponen sobre las mujeres la precariedad, los salarios bajos, y la gran carga de tareas invisibles y sin valor en el mercado. Es hora de pasar de las palabras a los hechos.

  4. ¡No a la privatización, no a la precarización!

    La mejora sustancial de las condiciones de trabajo del personal de cuidados, atendiendo a la titularidad de los servicios:

    • Es inaceptable que exista una doble escala entre el sector público y los servicios privatizados.

    • Es inaceptable que el empleo público ocupe cada vez menos espacio.

    • Las tareas de cuidado son imprescindibles y no pueden ser un negocio para unos pocos a costa del bienestar de quienes las cuidan.

Si los servicios sociales son un derecho, que se vea también en ello. Porque nuestros derechos ni se venden ni se regalan.

 

Trabajo de cuidados: invisible y precario

De cara la huelga del 26 de enero ESK queremos poner en primer plano de nuestras reivindicaciones la creación de un Sistema Público Integral de Cuidados desde el que dar respuesta a las necesidades de cuidados de las personas a lo largo de todo el ciclo vital. Sistema público que permita terminar con la precariedad de las cuidadoras profesionales y avanzar en la corresponsabilidad en el reparto de los cuidados.

Para el capital las personas sólo importamos en la medida en la que somos herramientas de producción y objetivos de consumo; muestra su más absoluto desprecio por todo aquello vinculado a la reproducción de la vida, a nuestra supervivencia. Así todos aquellos trabajos destinados a cuidar a las personas a lo largo de su vida son relegados a un segundo lugar.

La parte mayoritaria de los trabajos de cuidados, aún hoy, se dan en el ámbito privado y recaen sobre las espaldas de las mujeres. Tareas como el cuidado de las niñas y niños, el mantenimiento del hogar, el cuidado de las personas mayores o vulnerables se sigue asegurando fuera de la esfera pública relegándolo a la invisibilidad. Todos estos trabajos que ocupan millones de horas anuales, mayoritariamente desempeñadas por las mujeres, no existen para el capital, olvidando que sin ellos no podríamos sobrevivir.

Solo una pequeña parte de los trabajos de cuidados son provistos desde el ámbito formal del empleo asalariado. Son precisamente estos cuidados profesionalizados los que están convocados a la huelga y movilizaciones del día 26 de enero. Todos ellos comparten dos características: la feminización y la precariedad. En el extremo de la precariedad se encuentran las decenas de miles de mujeres que están empleadas como trabajadoras del hogar y cuidados.

Tampoco escapan de la precariedad quienes están empleadas en sectores como la atención a personas de tercera edad o discapacitadas, las empleadas en el servicio de asistencia domiciliaria, la teleasistencia, los servicios sociales o la la intervención social. Aún menor es la proporción de estos trabajos que son asegurados directamente desde lo público. Las administraciones apenas se hacen cargo de las necesidades de cuidados de las personas y, cuando lo hacen, priorizan la subcontratación de los servicios, promoviendo, de esta manera, el negocio privado a costa de las necesidades de todas las personas.

 

Personal de hogar y de cuidados, más allá de la precariedad

 
La falta de un sistema público de cuidados que permita a todos/as garantizar los cuidados que necesitamos a lo largo de nuestras vidas exige que la mayoría sean organizados y garantizados por personas allegadas.

Una de las 'soluciones' que las administraciones públicas ponen al servicio de quienes disponen de recursos para ello, es la contratación de mujeres acogidas al Régimen Especial de la Seguridad Social para las tareas domésticas.

Millones de mujeres en régimen de Internas o Externas cuidan de menores y ancianos, los limpian, cocinan, planchan. Todo ello con salarios miserables y sin derechos fundamentales como la prestación por desempleo, pudiendo ser despedidas sin indemnización, fuera del ámbito de la ley de prevención de riesgos laborales y sin la tutela efectiva de los tribunales y de la inspección de trabajo.

Muchas trabajadoras domésticas y de cuidados además de esta precariedad, sufren una total desprotección debido a la situación de irregularidad administrativa en la que viven.

El 26 de enero en ESK también nos movilizaremos para reivindicar la inmediata ratificación por parte del gobierno central del convenio 189, y equiparar a los Empleadas de Hogar con el resto de trabajadoras.

 

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