ESK, como organización sindical de clase y combativa, hacemos nuestro humilde análisis tras esta pandemia que ya está condicionando nuestro presente y sin duda lo hará en el futuro. Compartimos esta reflexión contigo.

 


 

Nadie duda de que tras la emergencia sanitaria provocada por el COVID19 y la gestión que de ella se ha hecho vamos a afrontar una crisis cuyas dimensiones apenas empezamos a comprender.

La crisis que viene  no va  a ser solo económica y social, si no que va a poner en cuestión aspectos centrales de la cultura, la sociedad e incluso la política. En la gestión que se haga de esta crisis  nos jugamos mucho.

Nos jugamos que se siga profundizando en el modelo neoliberal donde el  capital siga ganando posiciones frente a la vida o que, por el contrario,  se sienten las bases para avanzar  en una senda en la que el cuidado de la vida esté en el centro de las prioridades.

En esta lucha que se va a dar en las próximas semanas, meses y años, la clase obrera, las y los trabajadores nos jugamos el futuro, por ello tenemos que ser  junto a otros movimientos sociales como el feminista o el de las pensionistas ser la punta de lanza de este movimiento. ESK como organización sindical de clase y combativa tenemos que hacer nuestra humilde aportación en ese camino.

 

Estado de Shock y Cambio Social

La pandemia provocada por el COVID19, ha sumido a la sociedad en una suerte de estado del shock. La gran mayoría de la población nunca antes habíamos vivido una situación que se acercase a la presente. Solo las más mayores o quienes han venido a nuestra tierra de otras latitudes han pasado por experiencias vitales similares a estas (guerras, desastres naturales...). 

Este tipo de estados sociales, en los que la mayoría de la ciudadanía, se siente confundida y bloqueada por el impacto de una crisis extraordinariamente novedosa, temerosa por el futuro que le espera, sin perspectivas de proponer alternativas distintas a las de las instituciones, y con una mochila a su espalda de cuatro décadas soportando, derrota tras derrota, las medidas implantadas por el neoliberalismo, han venido siendo utilizados, hasta ahora, por quienes detentan el poder del capital para imponer unas condiciones que les permitan seguir manteniendo este sistema.

Lo dicho en el párrafo anterior, no nos debe llevar al derrotismo, a pensar que no hay nada que hacer. Una cosa es que el sistema capitalista se vea obligado a convivir con las crisis, que sea capaz de sortearlas, y otra distinta, que las alternativas que se vienen planteando por el neoliberalismo, cada vez sean menos eficaces para gestionar la financiarización y la globalización, motores del sistema, que, aunque cada vez resulte más evidente que son los causantes de que las crisis sean más corrientes, profundas y dañinas, no tienen alternativa, a pesar de que estén llevando nuestras sociedades a la barbarie. 

Ello nos coloca, en el corto plazo y de manera urgente, ante la necesidad de sacudirnos de encima la pandemia y su sensación de letargo social (casi como lo hace un perro cuando esta estresado) y reforzar nuestras posiciones lo máximo posible, aprovechando los ámbitos de oportunidad que esa crisis nos ha abierto.

Tenemos, de manera urgente, que desvelar que tras la pandemia y su gestión se oculta el conflicto del capital contra la vida.

 

El capital contra la  vida

En estos momentos en los que la preocupación por proteger la vida ha sido central para muchos y muchas, tenemos que hacer más presente que nunca si cabe los perfiles de esta lucha atávica de la que sólo estamos viviendo un capítulo más, capítulo que en una gran medida tiene una dimensión histórica, cuasi civilizatoria. Sin pretender caer en reduccionismos infantilistas, se trata de la lucha de la vida contra la muerte.

El capital, al igual que un virus, es una realidad muerta, es incapaz de reproducirse por sí mismo. Para hacerlo tiene que colonizar y explotar, en muchas ocasiones destruir, la  vida. La reproducción del capital que posibilita que los capitalistas lo acumulen se sustenta en explotar la vida en dos dimensiones:

  • Explotar los recursos naturales de la biosfera para convertirlos en materia prima susceptible de ser convertida en productos de consumo.

  • Explotar el trabajo humano:
    • Explotar el empleo al cual despoja del plusvalor (la diferencia entre lo que vale lo que producimos y lo que a nosotras nos pagan) y

    • explotar el trabajo reproductivo y de cuidados. Sin este último la reproducción de las personas sería imposible, a pesar de ello ni se valora ni se monetariza, si no que se deja en la esfera privada y sobre las espaldas de las mujeres.

 

Sin explotar la vida el capital, el dinero, no se reproduce. Su lógica es la lógica de la muerte, del tánatos, exprimir energía viva para acumularla en forma de un bien muerto. Es la lógica de llevar las cosas a su máxima simplicidad, la lógica de la incultura, de quienes desprecian el conocimiento, la misma lógica del fascista que explica el mundo en base a ideas simples.

Por el contrario, la lógica de la vida es la lógica del eros, de la energía que busca la interacción, generar relaciones cada vez más complejas, es la lógica de la necesaria interdependencia que nos permite vivir, del cuidado. La lógica de la vida es la de generar relaciones y estructuras complejas que la protejan y aseguren su pervivencia y desarrollo. 

Los trabajos, despojados de la explotación capitalista, son vida. Vida es el trabajo de cuidados, vida es trabajar la tierra para producir alimentos,… El  estado del bienestar, las regulaciones que nos protegen de los poderosos, son vida… Vida es el conocimiento, la cultura, el no tener miedo a la complejidad ni necesitar respuestas fáciles.

Frente a los defensores de los intereses del capital, los intereses de la muerte, la nuestra es la lógica de la vida: estamos enamoradas de la vida.

 

Esta crisis podría ser funcional al capital

Desde mediados del mes de marzo asistimos a declaraciones de distintos mandatarios europeos reclamando un nuevo ‘plan Marshall’ para hacer frente a esta crisis, no serán pocas las personas que habrán pensado que asistiremos a un antes y un después en los que los gobiernos domesticarán al capital para poder salvarnos. Por suerte o por desgracia nosotras  no somos ilusas y somos conocedoras de la gran capacidad de adaptación que tiene el capital. De hecho, a medida que lo más salvaje de la crisis sanitaria ha pasado, poco queda ya de todas esas declaraciones. Al igual que en la crisis de 2008 duraron poco las llamadas a refundar el sistema de distintos líderes, también en esta ocasión observamos un fenómeno parecido. Una vez que le han perdido el miedo a que esta crisis ponga en riesgo al propio sistema, el alcance y la intensidad de promesas, intenciones y propuestas decae sobremanera.

Parece claro que en la salida a la crisis económica que viene tras la crisis sanitaria, ya se está recorriendo ese camino. Ésta va a venir de la mano de movilizar ingentes cantidades de dinero público para poner en marcha el sistema productivo: líneas de crédito, avales, inyecciones de capital en empresas con dificultades,… de nuevo miles de millones de euros que van a terminar en manos privadas. Nada, si no provocamos un cambio social, nos asegura que se vaya a recorrer un camino en dirección a embridar al capital y poner en el centro los intereses de la mayoría social.

Muchas expertas, también nosotras, nos habíamos hecho eco de ello. Nos alertaban de que la refundación del capital en una época en la que las tasas de retorno del mismo eran cada vez menores iba a venir tras una gran destrucción. Al igual que las guerras que asolan muchas partes del planeta, la pandemia y la gestión de la misma, no sólo dejan personas muertas, si no que provocan una destrucción económica necesaria para poder reconstruir el sistema (algo así como los romanos que en los festines vomitaban para poder seguir comiendo).

Otro aspecto que puede hacer a esta crisis totalmente funcional al sistema viene de la mano de la necropolítica. Como nos dice el compañero Juan Hernández Zubizarreta, el capitalismo es estructuralmente muy violento y pretende acaparar “mucho” en muy “poco tiempo”. Las personas se convierten en una mercancía más, y por tanto, susceptibles de ser desechadas. El capitalismo  ya no solo explota y expulsa, sino que deja morir a la gente. La violencia se revela como un fin en sí misma y se utiliza para discernir quién tiene importancia y quién no, quién es fácilmente sustituible y quién no. Recordemos que Donald Trump dijo hace semanas que si esta crisis de saldaba en EEUU con 200-300.000 muertes sería un éxito o que Arantxa Tapia se ha desgañitado pidiendo que el derecho a la salud se conciliase con la actividad económica o la guerra por ver quién es el que retoma antes la ‘normalidad’ aunque para ello haya que manipular las estadísticas. Como decíamos anteriormente: vida vs muerte.

Las personas pobres sobran al capitalismo y cada vez son más porque es necesaria una menor fuerza de trabajo para la misma cantidad de producción. Esta enfermedad sin duda ( tal y como estamos viendo por ejemplo en las personas negras en EEUU y su afección por el COVID19) es más grave, de mayor riesgo y de mayor impacto sobre las personas que menos tienen, vendría a “eliminar” a esa población que no es funcional en algunos casos. Son las no personas las que el sistema deja sin alternativas para que acepten cualquier cosa, en aquellas actividades en la que sí son funcionales (por ejemplo, temporeras en el campo) en una concepción totalmente utilitarista de las vidas humanas.

Esta necropolítica necesita de una arquitectura legal, arquitectura legal de la impunidad (seguimos citando a Juan Hernández Zubizarreta), la cual da patente de corso al capital en su necesidad de mercantilizar la vida. Hemos visto un intenso debate en relación al intento por parte del CGPJ por socavar el derecho a la tutela judicial efectiva en el estado español, también como mientras políticos y administraciones no tenían obstáculos para organizar sus saraos, el derecho de manifestación ha sido cercenado.

Otra de las tendencias sociales que podría ser muy funcional al sistema sería el fortalecimiento del individualismo reactivo o basado en el miedo. Si la tendencia al individualismo ha sido cada vez más acusada en las últimas décadas y, precisamente, el miedo que siente un el individuo desposeído de la solidaridad de las comunidades primarias y de un estado protector está en la base de la emergencia de los nuevos fascismos, el miedo al contagio y la consecuente tendencia al aislamiento como medida de protección pueden reforzar vivamente esta tendencia.

 

La pugna dentro del sistema

En el contexto del estado español, pero también a nivel europeo y mundial, vemos como se está dando una pugna entre quienes están defiendo una salida socio-liberal (más o menos intensa en función del estado) y una profundización en las tesis neoliberales más salvajes.

En el caso del Estado español, si tras las primera declaración del estado de emergencia todo el mundo pareció asumir las tesis de Pedro Sánchez en cuanto a la necesidad de impulsar grandes pactos de estado, o incluso un nuevo ‘Plan Marshall’ a nivel europeo, con el paso de los días y de las semanas hemos visto como los partidos de derechas y la patronal se han resituado y están plantando batalla, a nadie se le escapa que los  movimiento de PP, VOX y PNV, entre otros, esconden la defensa de los intereses del capital.

La gestión que de la crisis está haciendo el gobierno de PSOE y  Unidas-Podemos nos está dejando ver cierta lógica:

  • La unificación de todos los instrumentos que tiene el Estado de las Autonomías en manos del Gobierno Central ha venido a reforzar las ideas más centralistas que subyacen en la sociedad española así como dar impulso al sentimiento nacionalista español. Habrá que ver si el interés principal ha sido la lucha contra la pandemia o ha existido un interés político de más trasfondo.

  • Vuelta al “autoritarismo”. Hemos visto como, desde diferentes esferas del poder (gobierno central o autonómicos, pero también desde los responsables de las Diferentes Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado) se ha producido una férrea defensa del principio de autoridad como única forma de hacer frente a esta situación, alimentando el discurso del “conmigo o contra mí” y anulando cualquier atisbo de crítica política o social.

  • Se han puesto en marcha toda una serie de medidas sociales de manera muy tibia, desordenada e improvisada que han dejado ver las tensiones internas del gobierno.  Las medidas sociales anunciadas no dejan de ser un conjunto de parches, pero además no queda claro si el sistema los va a poder gestionar administrativamente.

  • El mejor ejemplo de lo que decimos ha sido la puesta en marcha del Ingreso Mínimo Vital cuyo análisis más pormenorizado se ha desarrollado en un documento propio.

  • Estas medidas sociales se enmarcan siempre dentro de la prevalencia del empleo como fuente de derechos, sigue manteniendo la discriminación histórica de las trabajadoras del hogar y de cuidados y se siguen haciendo desde el paradigma de la familia tradicional sin romper un ápice con la concepción heteropatriarcal de las mismas.

  • Se va a tratar de salvar el sistema (de ahí la propuesta de los nuevos ‘Pactos de la Moncloa)  y en esa operación incluso el capital podría hacer alguna cesión. Pero no por generosidad, si no porque al propio capital le interesa tener el respaldo de un estado-nación que la dé las bases para desarrollarse.

 

En sectores populares y de izquierda la gestión de esta crisis puede estar legitimando al Gobierno; el principio de autoridad y la figura de un estado fuerte que gestione esta y futuras crisis desde el ‘mando único’. Además, esta gestión, favorece las posiciones de quienes apuestan por posiciones reformistas frente a quienes defendemos otro modelo político y otro tipo de sociedad.

En el caso de la extrema derecha, VOX tiene claro que no va a entrar a esa operación y prefiere una política de tierra quemada que le permita representar el papel de antisistema. El PP parece estar en un debate interno entre la razón de estado y los intereses de su clase.

CCOO y UGT han entrado totalmente en el juego de la razón de estado y en la lógica del gobierno. Están siendo parte de la legitimación del gobierno y están siendo voceros de la mayoría de los acuerdos de tipo social que vienen pactados con ellos de antemano. No parece que estén presionando para conseguir mejoras sino haciendo que la capacidad de negociación de las trabajadoras a posteriori sea más limitada.

No es previsible que de estos pactos que impulsa el gobierno salgan grandes cambios estructurales que cambien las tendencias de las últimas décadas, podemos esperar, a lo sumo tibias políticas redistributivas con mucha política de gestos o declarativas. Parecerá que todo cambia, para que nuevamente nada cambie.

En nuestra realidad. Euskal Herria, los gobiernos vasco y navarro han dejado muy claro donde están alineados. Con obvias diferencias entre ellos, en Nafarroa el alineamiento con Madrid ha sido claro mientras que en Gasteiz se ha basculado entre la lealtad y la crítica (en alguno casos salvaje),  pero ambos han compartido la necesidad de proteger los intereses del capital y la lógica de las políticas que se llevan haciendo las últimas décadas.

La posición del PNV en esta crisis está destapando la realidad de este partido. El embate de esta crisis, como se dice a nivel popular les pillo cagando y sin papel: sin saber por donde les daba el aire, sin capacidad de iniciativa, tratando de vender iniciativas de Madrid como si fueran políticas propias, anunciando medidas vacías de contenidos,… llegando a poner al lehendakari a dar clases televisadas para los niños (aprende Kim Jong-il). Han tratado de retomar iniciativa cerrando posiciones en torno a la defensa del autogobierno que Madrid está cercenando y la defensa numantina contra la hibernación económica. Los intereses que defiende de verdad el PNV han quedado desvelados de una vez por todas. En la fase de desescalada han entrado en la competición por ver quien desescala antes, anteponiendo, además, los intereses electorales de su partido por encima de la salud.

EH Bildu, por su parte, parece que está queriendo jugar el papel de la sensatez, manteniendo en todo momento una voz crítica con lo que hacen los gobiernos de Gasteiz y Madrid, pero sin atacar frontalmente al gobierno Sánchez-Iglesias ni a los gobiernos de Iruñea y Gasteiz. Parece que les hubiera gustado una suerte de acuerdos de estado a la vasca, pero con unas elecciones en la CAPV a la vuelta de la esquina no han encontrado ningún tipo de complicidad por parte del PNV.

Retomando el hilo anterior, a pesar de que pensamos que en el contexto español la salida a la actual crisis va a venir de la mano de una suerte de pactos de estado socio-liberales con tintes proteccionistas, la lucha que va a poner encima de la mesa el capital a través de la extrema derecha (con la que el PP cada vez está más alineado) va a ser encarnizada, lo es ya.

Por nuestra parte, ante esta coyuntura no podemos caer ni por asomo en el riesgo de alinearnos con posturas continuistas o de apoyar las posiciones moderadas para hacer frente al extremismo de derechas. Frente a la defensa del sistema que van a hacer PSOE y Unidas-Podemos junto a sus aliados sindicales CCOO y UGT, tenemos que ubicarnos en una clara posición de IMPUGNACIÓN del sistema.

Para ello, por una parte, tenemos que señalar en nuestro diagnóstico que las políticas neoliberales nos han dejado peor ubicadas para afrontar la crisis sanitaria. Peor ubicadas porque hemos afrontado esta crisis con un estado del bienestar debilitado: sanidad esquilmada, residencias de la tercera edad privatizadas en gran medida, servicios sociales sin desarrollar y muy precarizados, sin capacidad fiscal para hacer frente a incremento del gasto público sin endeudarse,…..). Peor ubicadas, también, porque las personas partimos de una posición social muy deteriorada. La crisis financiera que se propagó en 2008 nos ha dejado una sociedad muy empobrecida, precarizada y cada vez más polarizada entre gente rica que cada vez es más rica y gente pobre que cada vez lo es más.  Aunque la crisis del 2008 y la crisis sanitaria del 2020 no son comparables, ni su génesis ni la forma de afrontar cada una de ellas guardan similitud, sin embargo las consecuencias de ambas, si no intervenimos de manera acertada, pueden ser muy similares, o impugnamos el sistema o nos podemos encontrar con una sociedad mucho más desigual y, por tanto, más salvaje. Como dice el profesor Jon Bernat Zubiri, podemos estar ante la última oportunidad de cambiar el rumbo de la sociedad.

De otra parte, tenemos que hacer valer la imposibilidad de buscar una salida de corte socio-liberal en la que se movilicen grandes cantidades de dinero para reactivar la economía privada: En primer lugar porque eso va a dejar a millones de personas en la estacada. En segundo lugar una salida de ese estilo supondría profundizar en la crisis ecológica y de cuidados. Por ello es fundamental que nuestro discurso ponga en el centro el conflicto entre el capital y la vida.

En estos tiempos de gran crisis que se avecina la extrema derecha va a tratar de ser referente para toda la gente machacada (para muchas y muchos ya lo es). Sólo podemos combatirla desde posiciones radicales, comprensibles por las mayorías y que den perspectiva y alternativa frente al naufragio del sistema. En este sentido, a ambas orillas del atlántico la extrema derecha está utilizando la idea de libertad como frente de su ataque (en el caso de América para apuntalar a Trump o Bolsonaro y en el caso Europeo para atacar a los gobiernos). Frente a ello tenemos que anteponer las ideas de solidaridad y responsabilidad social, sin que ello nos quite un ápice de crítica al sistema, esto es, no podemos aparecer como avaladoras de los gobiernos.

 

La ambivalencia del concepto estado

En la gestión de esta crisis sanitaria muchas personas hemos podido descubrir, tal vez por primera vez, la aparición del estado con todo su poder (nos referimos aquí a este concepto en general, no a la realidad política del Estado español). Para las gentes de izquierdas, este concepto ha sido, y es, una realidad ambivalente:

  • De una parte el estado, aunque debilitado por décadas de políticas neoliberales ha aparecido frente al capital como una estructura que sirve, que es funcional, que protege. El estado es quien ha respondido y está enfrentando esta situación; frente al libre mercado que no ha sido capaz de responder (¿Qué ha hecho la sanidad privada?). En esta misma línea es un valor para nosotras que en cierta medida el estado haya intervenido parcialmente la economía o las residencias privadas,…

  • En cambio, el estado ha aparecido también en su dimensión más negativa como aparato represor (militares en las calles, policía desbocada,….). Por la puerta de atrás del confinamiento, además,  nos están metiendo una reducción de derechos (laborales, limosneo frente a derechos sociales, APPs de vigilancia) y están lanzando globos sonda como los “pasaportes inmunológicos” que van en contra de los derechos a la intimidad, igualdad de oportunidades, etc. Además, en el caso específico del Estado español, éste ha aparecido como una auténtica apisonadora de la capacidad de decidir de las naciones y los territorios.

 

Tenemos que saber poner en valor las cuestiones positivas inherentes al concepto estado (estado del bienestar, servicios públicos, redistribución de la riqueza,….) sin que eso nos lleve a legitimar la dimensión opresiva del estado y sin que nos lleve tampoco a legitimar posiciones centralistas españolas.

 

La izquierda política y social

Las organizaciones y gentes de izquierda enfrentamos un reto de carácter histórico, todas y todos tenemos  que estar a la altura, no es momento de ombliguismo ni sectarismos. No es momento de pugnar por siglas ni por posiciones propias, es momento de pensar en términos de clase y buscar grandes acuerdos para la transformación social.

El movimiento sindical tiene que jugar un papel destacado en la batalla que se avecina, ello no significa que podamos tirar por la directa pensando que estamos solas y solos o que nosotras tenemos la prevalencia en la lucha. Tenemos que tomar decisiones estratégicas y tácticas que nos posibiliten generar un movimiento  mucho más amplio y que conecte todas las dimensiones de una lucha que es única.

Tenemos que generar sinergias con otros movimientos y agentes sociales de manera que conectemos las tres grandes líneas que tenemos que abordar de manera conjunta:

  • Reparto de la riqueza y justicia social: renta básica incondicional y reforma fiscal radical. Ingresos dignos para todas las personas.

  • La lucha feminista, por la igualdad real entre mujeres y hombres, contra las violencias machistas y por la redistribución y el reconocimiento  social y económico de los trabajos de cuidados.

  • Planeta: parar la explotación de recursos y el expolio de los países empobrecidos es esencial para crear un paradigma sostenible y justo.

  • Todos los derechos para todas las personas: no podemos permitir ni un minuto más discriminaciones tan flagrantes y lesivas como la ley de extranjería, que impide el acceso a derechos fundamentales a miles de personas en nuestro país.

  • Empleo: explorar nuevos ámbitos productivos, dirigidos a facilitar los trabajos esenciales para la vida, reducción del tiempo de trabajo y reparto del empleo.

  • Defensa de los servicios públicos como garantes de atención de las necesidades básicas de la ciudadanía: sanidad, educación, servicios sociales, pensiones, etc.

  • Vivienda y suministros básicos: elementos fundamentales para una vida digna, hoy en mano de cada vez menos manos, estas luchas son básicas para el conjunto de la clase trabajadora.

  • La lucha por los derechos de las trabajadoras y los trabajadores y contra la precariedad laboral y vital. Teniendo en cuenta que hay mucha gente que no encuentra en los sindicatos su ámbito organizativo y que hay otros colectivos que tratan de articular las luchas del precariado, de la gente empobrecida, por la vivienda,…

 

Esta es una oportunidad para poner en valor de verdad la economía de los cuidados como un frente en el que hay que trabajar que es funcional a la crisis ecológica y que en esta situación, se ha concebido como “esencial”. Los servicios sociales, los modelos de subcontrataciones, etc. Así como de la legitimación de los servicios públicos.

En estos momentos en los que la pelea que plantea la ultraderecha es cada vez más salvaje, nuestra responsabilidad es dirigirnos a los y las trabajadoras y a la gente humilde y machada con un lenguaje claro, directo, comprensible y con alternativas concretas que den respuesta a su situación vital. En esta línea deberíamos recuperar el discurso del 99% vs el 1% u otro tipo de relato que nos permita enmarcar.

En nuestra realidad más cercana podemos afrontar un riesgo derivado de que frente al rearme del nacionalismo español,  la izquierda política y sindical vasca se atrinchere en el abertzalismo. Esto, además de ser un error,  dificultaría mucho generar un movimiento de lucha amplio, diverso y trasversal. ESK seguimos pensando que el carril que debemos recorrer para desatascar el ‘debate nacional’  pasa por asumir por parte de todos los sectores el derecho a decidir como algo que no se centra sólo en lo territorial (decidir sobre nuestros cuerpos y vidas, decidir sobre la economía), pero en lo que lo territorial es algo central en nuestra sociedad que debe ser respetado sin fisuras.

ESK llevamos tiempo sintiéndonos no del todo cómodas en el espacio de alianza que se articula en torno a ELA y LAB. Si el protocolo de salud laboral deja patente, para nosotras, la necesidad de cambiar la manera de funcionar, la huelga del pasado 30 de enero articulada a través de la Carta de Derechos Sociales de Euskal Herria (CDS) ha dejado claros los límites que tiene esta estructura de trabajo. Entendemos que no es el momento ni el lugar para hacer un análisis en profundidad sobre la CDS, pero sí que afirmamos con rotundidad que los límites de la misma deben de ser trascendidos.

La única alternativa que tenemos para responder con posibilidades de éxito al momento histórico que vivimos pasa por construir un movimiento amplio, plural y transversal sustentado en un gran acuerdo programático de mínimos que nos permita conflictuar con gobiernos y patronal de una manera que podamos acumular victorias concretas y no sólo seguir apuntalando el discurso de la épica resistencia.

En el corto plazo, vemos como los modelos de movilización que hemos podido desarrollar durante el confinamiento (Haserre Eguna, 28 de abril, 1 de mayo) han sido muy limitados y nos ha costado mucho impulsarlos. Frente a ello, más pronto que tarde, tenemos que volver a ocupar las calles con nuestras reivindicaciones.

 

Rescatar a la vida

Para ESK el núcleo de un pacto social y sindical para afrontar la actual situación tiene que tener en el centro la necesidad de rescatar la vida. No podemos, hablar sólo en términos de rescate social o económico. Hace tiempo que superamos los límites biofísicos del planeta, el asegurar la supervivencia en el planeta es parte inherente de nuestra lucha.

En este sentido el planteamiento de salida de ESK es el que ya desarrollamos el pasado verano en nuestra V Asamblea General:

  • Reparto y redistribución del empleo de una manera radical.

  • Renta Básica Universal.

  • Redistribución de la riqueza a través de una profunda reforma fiscal.

  • Defensa y desarrollo de los servicios públicos.

  • Extensión de un sistema público integral de cuidados.

  • Desarrollo del sector agro-pesquero desde un paradigma agroecológico.

 

Por supuesto que este programa político no es completo, y se puede discutir, matizar y ampliar, pero es nuestra base de salida para tratar de acordar con otros y otras. Nos toca, también, poner el centro de nuestras propuestas y preocupaciones las libertades civiles y democráticas así como el derecho a decidir en los distintos ámbitos de nuestras vidas.

 

Rearmar el sindicalismo

En los últimos años, hemos podido comprobar que el sindicalismo sigue siendo un arma de total validez para mejorar las posiciones de la clase trabajadora, en lo que tiene ver con el sindicalismo clásico, las luchas sectoriales, cuando consiguen unidad sindical de acción, son garantía de mejora de las condiciones de vida de los y las trabajadoras. También hemos visto que cuando se trabaja de manera certera contra la subcontratación, atacando los intereses de las empresas principales, el margen de acción es amplio y las victorias considerables. Ese camino es un camino a seguir, un camino que nos ayude a recuperar todo el terreno perdido.

Es el momento de que le saquemos todo el jugo posible a nuestra acción sindical centro de trabajo a centro de trabajo. Nos va a tocar recuperar todo el terreno perdido en los últimos tiempos en materia salarial, de estabilidad, de conciliación, de negociación colectiva, de salud y seguridad… Deberíamos explorar la capacidad que tenemos de acordar planes de trabajo individuales y sectoriales en esa dirección así como la posibilidad de buscar un gran acuerdo de acción sindical y negociación colectiva de carácter general.

Como apuntábamos más arriba es el momento de impulsar grandes luchas sociales, por ello tenemos que preparar toda nuestra capacidad de lucha y resistencia para posibilitar que podamos acumular éxitos.

El sindicalismo nos ha enseñado, estamos convencidas de ello, de que tenemos que compaginar posiciones radicales de impugnación o ruptura del sistema con la atención a luchas y preocupaciones concretas. Sólo la correcta articulación de ambas dimensiones nos permitirá avanzar por el buen camino. La épica de la resistencia tiene que ser acompañada de la lógica de la pragmaticidad, al menos si queremos ser instrumentos que las mayorías vean como válidos.

El sindicalismo fuera de los centros de trabajo sigue estando muy limitado hoy en día, por lo que seguir trabajando para ser una herramienta útil para las personas más precarizadas, para quienes no tienen empleo o tienen empleos muy precarios es fundamental. En ese camino, acercarnos, escuchar necesidades y ser valientes nos situará en buenas condiciones.

En estas semanas  el sindicato ha tratado de dar respuesta de emergencia a la situación por distintos cauces: incremento de las hojas informativas, presencia en redes y actividad más intensa en la web, asesoría virtual... Somos conscientes de las limitaciones que todo ello tiene y, ante la posibilidad de que la situación se prolongue tenemos que reorganizarnos y repensar algunas cosas. Fundamentalmente, a nivel organizativo tenemos que dar un salto a la organización telemática tanto de la dimensión más general del sindicato como de las secciones sindicales.

El camino emprendido vía consultorios online y la elaboración de materiales útiles para la clase trabajadora (empleada o en desempleo, perceptora de prestaciones sociales, etc.) es generar herramientas útiles para la clase trabajadora y acercarla a nuestro modelo de sindicalismo, no genera movilización inmediata, pero genera poso y crea simpatías y sinergias para futuras luchas.

Por otra parte, tenemos que pensar también, en cómo actuar y movilizar durante un tiempo (se prevé largo) en el que las grandes concentraciones de personas van a estar prohibidas.

Estas semanas de confinamiento están suponiendo un aumento exponencial de las personas que están teletrabajando así como un impulso brutal a las denominadas plataformas digitales. El trabajo en las plataformas digitales no nos cabe ninguna duda de que se va a potenciar sobremanera y, por tanto tenemos que estar muy pendientes y tratar de desarrollar un sindicalismo que sea útil en esa realidad. En el caso del teletrabajo, tenemos la sensación de que el mismo se va a potenciar mucho más que antes del confinamiento, esto es, si antes era algo muy  testimonial, en la medida en la que empresas y trabajadoras le ‘han quitado miedo’, hay riesgo de que se convierta en una realidad significativa. La extensión del teletrabajo puede ser la puerta de entrada a un nuevo modelo de relación laboral a través de plataformas digitales de prestación de servicios. Esta modalidad de trabajo tiene muchos riesgos a nivel sindical, por tanto vamos a tener que desarrollar discurso y reflexionar sobre sus implicaciones prácticas en la acción sindical.

Todo ello, sin perder de vista que tenemos que cuidarnos y poner, también, nuestras vidas en el centro. Se avecinan tiempos muy duros y complejos, y en ellos será revolucionario, también, dimensionar desde la lógica de los cuidados los objetivos y retos que nos planteamos.

 

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