Las mujeres hemos vuelto a sufrir con mayor intensidad las consecuencias de esta crisis sanitaria.

 

 

 

Desde que fuera decretado el Estado de Alarma han sido numerosos los Reales Decretos y las decisiones que han sido adoptadas para intentar hacer frente a la crisis sanitaria del COVID-19. Desde un primer momento ha sido evidente que las medidas adoptadas respondían a una concepción absolutamente patriarcal, heteronormativa y basadas en un modelo de familia nuclear. Unas decisiones que han dejado a gran parte de la sociedad fuera y principalmente a las mujeres. Esto es algo que desde el principio denunciamos y que ha obligado a que se hayan tenido que ir parcheando muchas de las medidas adoptadas.

Poca gente duda de que fuera necesario tomar algunas medidas como las que se ha tomado pero lo que es inconcebible es que se hagan sin tener en cuenta a quienes estamos en los márgenes. A las personas más vulnerables y sin medir ni adoptar medidas para hacer frente a las consecuencias de estas decisiones.

 

Poco se ha hablado de las trabajadoras

Hemos estado realmente preocupadas por la situación de las trabajadoras y trabajadores, por su situación laboral, por su salud, pero poco se ha hablado de la situación de las trabajadoras. Trabajadoras que son mayoritariamente mujeres en aquellos servicios y empleos que han resultado ser esenciales, y por lo tanto, obligadas a continuar acudiendo a nuestros centros de trabajo.

Por supuesto que no nos olvidamos de las condiciones en las que estas trabajadoras han tenido que realizar su trabajo sin las medidas sanitarias adecuadas (cuando las había) haciendo turnos interminables, sin que se respetasen sus descansos y sin el reconocimiento económico y social que se merecen. Este aspecto queda manifiestamente demostrado con las trabajadoras de las residencias, quienes bajo el paraguas de la subcontratación pública, se ven sometidas a trabajar sin garantías para su salud, ni para la de sus familiares, mientras que se las hace responsables de garantizar el servicio mediante decreto ley, sin absolutamente ninguna garantía ni tutela de los  Gobiernos Vasco y Navarro, “responsables” del servicio.

 

Y además... los trabajos no remunerados

Pero hay mucho más, nadie absolutamente nadie ha contemplado ni pensado en todos esos trabajos que estas mujeres también realizan, trabajos no remunerados y que sin embargo son indispensables para el sostenimiento de la vida.

Llevamos semanas de confinamiento y restricciones, con los niños y niñas fuera de las escuelas, con las personas con dependencia a cargo de las familias y principalmente de las mujeres, de manera exclusiva, con personas que necesitan cuidados confinadas en casa pero nadie ha puesto medidas para solucionar esto, eso sí, nosotras las trabajadoras esenciales hemos tenido que seguir acudiendo a nuestros puestos de trabajo y ahora además se incorporan todas las que no están en ERTE o a han sido despedidas durante la crisis sanitaria. La administración entiende que todas las familias son iguales, padre y madre, familias nucleares, con red a su alrededor  pero esa no es la realidad, hay muchísimas familias que no se ajustan a esa realidad, con problemáticas diversas, con necesidades específicas y eso no se ha contemplado.

 

Trabajadoras de Hogar y Cuidados

Desde el comienzo de esta crisis muchas alzamos la voz exigiendo medidas, entre otras,  para las Trabajadoras de Hogar y Cuidados y finalmente llegaron aunque tarde y mal. Las medidas para este sector aunque necesarias excluye a gran parte de las trabajadoras, trabajadoras sin contrato, muchas en situación irregular que ven como una vez más nadie las tiene en cuenta.

Contando con los únicos recursos de los que puedan proveerse por ellas mismas, lejos de cualquier protección, cuidado o atención por parte de la Administración. Ni tan siquiera en estado de alarma sanitaria la Administración se ha planteado regularizar la situación administrativa de estas mujeres para que desempeñen su trabajo con la más mínima garantía legal. Nuevamente Invisibles pero Imprescindibles. Mujeres que además en muchos casos no solo se encuentran sin recursos o sin forma de acceder a ellos sino que están solas sin nadie a quien recurrir y que las apoye en estos momentos.

 

Brechas

Las medidas que se están adoptando en lo que a educación se refiere también no hacen más que acentuar la brecha de género ya existente. Hasta ahora hemos sido nosotras las que hemos reducido nuestras jornadas laborales, algo que al ser muchos de los servicios esenciales sectores muy feminizados ha cambiado durante esta crisis. Muchas mujeres han tenido que hacer frente también a una nueva situación laboral tele-trabajando y haciendo malabares para poder atender a los menores y a las personas que necesitan cuidados.

Eso por no hablar de la brecha que esta situación está generando entre las familias con más recursos (económicos, intelectuales, tecnológicos…) y quienes no los tenemos. Se nos exige que tele-trabajemos, que trabajemos en los servicios esenciales, que paulatinamente nos incorporemos a nuestros puestos de trabajo pero no hay medidas de ningún tipo para hacer frente a la grave crisis de cuidados que todo esto está generando.

 

Confinadas con sus agresores

Mención aparte merece la situación de las mujeres que sufren violencia obligadas a confinarse durante este tiempo con sus agresores. Aunque alguna medida se ha adoptado, como un WhatsApp para poder reportar las situaciones, estas son a todas luces insuficientes. Una vez más han tenido que ser los movimientos feministas y su trabajo en red quienes se hayan hecho cargo de la situación.

Con los centros de salud atendiendo en exclusividad urgencias y problemas sanitarios vinculados con el COVID-19 poco se ha podido hacer desde aquí para detectar casos de violencia. Las “mascarillas moradas” implantadas en las farmacias sin formación a quienes las atienden y sin tener en cuenta que no pocas farmacias, como en Nafarroa, ni siquiera dispensan anticonceptivos por razones ideológicas (si es que a eso se le puede llamar ideología en lugar de fanatismo) se nos hace difícil creer que esta pueda ser una medida segura y que despierte confianza en las mujeres que lo necesitan.

Declaraciones por parte de responsables políticos totalmente inaceptables y que demuestran una vez más la ignorancia que nuestros dirigentes tienen acerca de la violencia machista, haciendo gala de la bajada en las denuncias por violencia nos da muestra de su irresponsabilidad y de su falta de conocimiento sobre el tema. Aparte de que las llamadas para atender a mujeres en situación de violencia a los teléfonos habilitados para ello han aumentado sabemos que una vez finalizado el Estado de Alarma aumentarán las denuncian tal y como ya ha sucedido en otros países y eso lo único que quiere decir es que durante las semanas de confinamiento ha habido miles de mujeres en riesgo de muerte, jugándose la vida sin que nadie haya garantizado ni su bienestar ni su vida.

No hay ningún plan para la desescalada que contemple estas situaciones, poco o nada sabemos de cómo se han gestionado los recursos asistenciales para las mujeres en situación de violencia y mientras tanto en Euskal Herria 2 mujeres han sido asesinadas durante el confinamiento y hemos conocido también varias agresiones sexistas durante este periodo.

 

Se nos tiene que tener en cuenta

Lo llevábamos mucho tiempo avisando, nosotras sabemos que nuestro trabajo, todos los trabajos que realizamos, son precisamente los que permiten el sostenimiento de la vida y durante estas semanas es algo que ha quedado más que claro; si nosotras hubiéramos parado todo hubiera parado. Somos esenciales y por eso precisamente nuestras reivindicaciones y nuestra lucha son hoy más necesarias que nunca porque no es posible que nada cambie sin que se nos tenga en cuenta.

Nosotras feministas y sindicalistas apoyamos las reivindicaciones del movimiento feminista de Euskal Herria de visibilizar y valorar el trabajo de cuidados, que no se quede en el olvido. La crisis de los cuidados es estructural. Por eso es necesario cambiar el paradigma, cambiar el modelo neoliberal impuesto y poner de una vez la vida en el centro.

 

Somos esenciales

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