¿Qué es el virus COVID-19?, ¿Dónde vive el COVID-19?, ¿Cómo se infecta el COVID-19?, ¿Cúal es la diferencia entre transmisión y contagio del COVID-19?, ¿Qué síntomas tiene el COVID-19?, ¿A quién afecta el COVID-19?, Cómo prevenir ser contagiados/as. Os dejamos este clarificador artículo de nuestros militantes y expertos /as biólogas Immacolata Giordano y Alfredo Caro. ¡Cuídate!

 

 

¿Qué es el virus COVID-19?

El Covid-19 es un coronavirus. Los virus no son seres vivos, no son autónomos, se les considera parásitos obligados porque para replicarse tienen que infectar una célula. Son entidades biológicas tan pequeñas que no se pueden ver con microscopios normales. Son minúsculas cápsulas que contienen dentro material genético. Desde un punto biofísico se comportan como partículas, son polares, lo que quiere decir que necesitan estar disueltas en un líquido (o humedad) para ser viables así como para transportarse.

 

¿Dónde vive el COVID-19?

Estos virus están en las secreciones de las mucosas, así como orina y heces, y por tanto se transmiten través de aerosoles (pequeñísimas gotas de agua) y de manera importante superficies contaminadas. El coronavirus se puede mantener viable, infectivo, algunos días en una superficie.

 

¿Cómo se infecta el COVID-19?

Para que se produzca la infección, lo primero de todo el virus tiene que llegar una célula viva. Por ello, los virus no pueden entrar por nuestra piel, sino que su vía de entrada son las mucosas (nariz, boca, genitales, etc).

La capacidad del virus de infectar depende de la capacidad del individuo, de su sistema inmune “innato”, para evitar que el material genético se integre y la célula sea “secuestrada”.

 

¿Cúal es la diferencia entre transmisión y contagio del COVID-19?

La transmisión es cuando el virus ha llegado hasta el organismo, el contagio es cuando ha sido capaz de replicarse efectivamente de manera que es entonces contagioso. Y esta distinción es importante porque para que una persona se contagie necesita de una carga viral, número de partículas víricas, suficiente para superar los mecanismos de defensa innatos. Hay que tener en cuenta que con este virus no hay anticuerpos porque es nuevo.

Es importante notar que cada individuo necesitará entonces de una exposición distinta. Por eso existen situaciones en las que hay parejas en las que solo un miembro se ve afectado y el otro no.

La tasa de infectividad de este virus es bastante alta.

 

¿Qué síntomas tiene el COVID-19?

Cuando una célula detecta que está siendo infectada por un virus liberará sustancias de alerta, citoquinas, que harán que las células del entorno preparen su maquinaria anti-vírica. Estas citoquinas son las que a su vez inducen fiebre y otros síntomas debidos a la fuerte respuesta inflamatoria. Cuando la infección lleva a una inflamación aguda en las vías respiratorias se produce neumonía que puede ser grave.

 

¿A quién afecta el COVID-19?

La enfermedad por coronavirus tiene una mortalidad muy variable según edades. Así, esta es nula en menores de 10 años, pero es considerable en mayores de 65 años y con otras patologías como enfermedad cardiovascular, diabetes, cáncer, inmunodeprimidas, etc. Por ello, esta es una prevención principalmente solidaria. No queremos contagiarnos no solo porque las consecuencias son imprevisibles y potencialmente graves, sino sobre todo para no contagiar a su vez a la población vulnerable. Y esto es especialmente importante en menores de 40 años. En Corea del Sur que se diagnosticó masivamente a la población, se obtuvo que el 30% de los positivos tenían entre 20 y 29 años, pero la mayoría eran asintomáticos aunque contagiosos. Sin embargo, en Italia, donde no se ha diagnosticado masivamente, solo un 3,7% es positivo. Esto quiere decir que mucha gente asintomática es contagiosa. Lo cual hace más importante si cabe la prevención solidaria.

 

Cómo prevenir ser contagiados/as

Tenemos que partir de una realidad: Impedir totalmente la transmisión del virus es prácticamente imposible, solo se puede llevar a cabo con EPIs e infraestructuras muy especializados como los que se ven en zonas de infecciosos en hospitales. Pero sí debemos reducir el número de partículas virales a las que estamos expuestos para así reducir los contagios. O sea, no podemos impedir la transmisión, sí reducirla, para así reducir los contagios.

De esta manera una escala EPIs y prácticas que van de más sencillas a más complejas:

  • Evitar la transmisión por contacto. El contacto es una fuente de transmisión importante y relativamente fácil de evitar.

    • Higiene y limpieza de superficies. Las superficies especialmente de baños y zonas concurridas (manetas, botones, barras, etc.) deben ser limpiadas con productos desinfectantes. Especialmente tener en cuenta objetos como móviles, tarjetas, dinero, etc... son superficies que pueden estar contaminadas.

    • Evitar a toda costa tocarse la cara. Es un gesto inconsciente. Tener el pelo recogido ayudará.

    • Lavarse las manos. Se ha repetido hasta la saciedad. El Covid19 tiene lípidos en la cápsida, por lo que el jabón los destruye rápidamente. Ir todas las veces que se pueda al baño para lavarse las manos con jabón.

    • Gel hidroalcohólico. Son fórmulas que tienen distintos alcoholes que inactivan virus y bacterias. Hay que añadirse abundantemente y frotar hasta que se seque. Tener en cuenta que es el proceso de evaporación del alcohol el que ayuda a inactivar el virus. Es menos eficaz que el lavado de manos, así que no debe ser un sustituto, sino un añadido cuando se toque una superficie potencialmente contaminada y no se puedan lavar.

    • Guantes. Los guantes de látex-vinilo son útiles únicamente si se utilizan como desechables. Si después de tocar una superficie potencialmente contaminada nos tocamos la cara con ellos o el móvil, la cartera, etc. no servirán de nada, al contrario, generan una sensación de falsa protección.

  • Transmisión por aerosoles

    • Distancia. Al hablar producimos aerosoles, también invisibles, que pueden viajar hasta dos metros. Debemos mantener la mayor distancia posible.

    • Mascarillas. En situaciones donde la distancia de seguridad no es posible, y en una situación en la que el riesgo de transmisión es elevado, se deberían usar mascarillas para protegerse del contagio. Es distinto su uso para evitar el contagiar cuando se sospecha que se es portadora.

      Existen varios tipos, mejor o peor preparadas para evitar que lleguen aerosoles. Los virus son efectivamente más pequeños que los poros, pero como estos son partículas, no pueden transportarse solos, sino en aerosoles. Y estas gotitas de agua son retenidas por la tensión superficial del material de la mascarilla. Así que las mascarillas son muy efectivas únicamente si se siguen prácticas muy estrictas.

    • Primero: las mascarillas húmedas no son efectivas en protegernos. Así que sobre todo las de papel de peor calidad habría que reponerlas.

    • Segundo: Si la tocamos con las manos “sucias” perderán su efectividad. Si nos tocamos la cara o si solo nos cubrimos la boca no servirán. Y como con los guantes pueden ser contraproducentes si nos dan sensación de (falsa) seguridad.


Immacolata Giordano (bióloga) y Alfredo Caro (biólogo inmunólogo) - Militantes de ESK.

 

Contagio covid-19 transmisión medidas prevención coronavirus

 

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