Somos conscientes de que la agenda de las élites económicas y políticas nos arrastra irremediablemente a un escenario caracterizado por un ecocidio y genocidio. Apostemos por defender la vida, la naturaleza y los derechos de la clase trabajadora.
« Somos las clases populares quienes más sufrimos la tormenta perfecta que está generando el capitalismo »
Diez años después: Un mundo más insostenible y violento
Hace 10 años, el manifiesto final del III Encuentro Ecosocialista Internacional celebrado en Euskal Herria mencionaba de manera explícita la urgencia ecológica provocada por la superación de los límites biofísicos, y alertaba de la emergencia social generada por desplazamientos migratorios forzosos, precariedades y violencias crecientes, situando el origen de estos dos problemas −estrechamente relacionados− en el orden institucionalizado en torno al sistema capitalista. Más específicamente, en su dinámica de crecimiento ilimitado, en función de la maximización de las ganancias corporativas.
10 años después, lamentablemente, este análisis se muestra certero y premonitorio, poniendo de manifiesto la más que evidente inacción ecosocial de la comunidad internacional ante unos retos urgentes y de calado. No obstante, el diagnóstico realizado hace una década apenas era capaz de prever la amplitud e intensidad de los funestos fenómenos que definen hoy en día el panorama internacional.
ECOLOGÍA
En términos ecológicos, y según el Centro de Resiliencia de Estocolmo, en 2025 se superaron ya siete de los nueve límites biofísicos planetarios: cambio climático –1,44 ºC de incremento respecto a la época preindustrial–, biodiversidad, deforestación, agua dulce, ciclos del nitrógeno y el fósforo, contaminación química y acidificación de los océanos, todos los cuales han trascendido sus márgenes de seguridad –cuando solo cuatro lo habían hecho en 2015–, mientras que los dos restantes −el agotamiento de la capa de ozono y la carga de aerosoles atmosféricos− quedarían como los únicos dos ámbitos no sobrepasados.
ECONOMÍA
En términos económicos la errática dinámica internacional, azuzada por el estallido financiero de 2008, se ha agravado en los últimos años, sin viso alguno de mejora. El capitalismo está estancado –un magro 2,4 % de crecimiento esperado para la década presente–, sufre de sobrecapacidad productiva, y apenas la financiarización lo sostiene con respiración asistida. En otras palabras, la tarta del crecimiento se achica –especialmente para las y los trabajadores–, los capitales que pugnan por la misma son abundantes –desarrollándose un juego de suma cero en el que solo uno gana, siendo este China en la mayoría de muchos rubros estratégicos–, y el marco en el que estos actúan es altamente inestable, incrementándose el riesgo de estallidos de todo tipo.
Se impone de este modo la guerra económica como sentido de época, a través de una competencia extrema por el control de mercados, rutas comerciales (Groenlandia, Oriente Medio), inversiones estratégicas (inteligencia artificial, semiconductores, economía verde) y, muy especialmente, el acaparamiento de suministros como las energías fósiles y la minería metálica.

POLÍTICA
En coherencia, y en términos políticos, el orden internacional basado en el multilateralismo, las reglas compartidas y la democracia liberal, ha saltado por los aires en el último lustro. Pese a tratarse este de un modelo de gobernanza sesgado a favor de las potencias occidentales, apuntalado por una lex mercatoria que blinda los intereses de sus corporaciones, y definido por un marco de baja intensidad democrática, el contexto de crisis global y la consolidación de China como hegemón económico han modificado el tablero mundial.
Ahora son las agendas reaccionarias y autoritarias de las extremas derechas, con la fuerza y la violencia como valores fuertes, así como el avance del régimen de guerra, quienes imperan en un panorama político trastocado en sus principales términos por EE. UU. y sus aliados, entre ellos Israel y la Unión Europea. La secuencia de guerras y agresiones imperialistas se acelera de este modo –Ucrania, genocidio en Gaza, Venezuela, Irán–, dentro de una peligrosa espiral militarista, en un contexto marcado por el riesgo de contienda nuclear.
TORMENTA PERFECTA
Sin duda, somos las mayorías populares y la clase trabajadora en su conjunto quienes sufrimos de manera específica los embates de esta tormenta perfecta que está generando el capitalismo. Quienes enfrentamos en primera línea los desastres naturales. Quienes, de una manera cruelmente asimétrica, tenemos crecientes dificultades para la reproducción de nuestras vidas, explotadas y atravesadas por una precariedad cada vez más generalizada. Quienes somos expropiadas de lo común, y de nuestros propios trabajos. Quienes nos vemos obligadas a emigrar por motivos económicos, políticos, y/o ambientales. Quienes resistimos las agresiones de la extrema derecha y sus agendas reaccionarias. Quienes nos convertimos en las primeras víctimas directas del militarismo y de la guerra.
« Este capitalismo verde oliva y digital no supone solución alguna »
Agenda ecosocialista, más necesaria y urgente que nunca
Frente al diagnóstico global expuesto en el apartado anterior, el manifiesto del Encuentro celebrado en Euskal Herria en 2016 también alertaba de los cantos de sirena del capitalismo verde, que amenazaba con reproducir el mismo modelo de consumo y perpetuar las mismas estructuras que generaron la urgencia ecológica y la emergencia social. Este, reconvertido hoy en capitalismo verde oliva y digital −como versión hegemónica tras la pandemia– pretende que la suma de alianzas público-privadas e inversiones masivas en energía, economía verde, digitalización y armamento, ofrecen una oportunidad económica y una respuesta política a la conflictividad geopolítica que el propio sistema ha generado, conduciéndonos hacia un horizonte de crecimiento estable y generalizado, así como a un desacoplamiento de dicho crecimiento, con respecto a las emisiones contaminantes, y frente al consumo energético y material.
El impacto real de esta agenda oficial, no obstante, es diametralmente opuesto al planteado: ni se revierte el estancamiento económico, ni se avanza en términos de sostenibilidad, ni se reducen en términos absolutos las emisiones y el consumo físico –sí en algún territorio específico, pero nunca al ritmo comprometido, y, sin tener en cuenta la naturaleza global de las cadenas de valor en las que cada país o región están involucrados–. Por el contrario, se refuerza el poder corporativo como protagonista –y por tanto la vigencia de la maximización de la ganancia como meta fundamental–, se consolida la dinámica extractivista –sobre todo de energía y minería metálica–, y se azuza la guerra económica respecto a los suministros estratégicos, así como el régimen de guerra dentro de la escalada militarista que lo define.
Por lo tanto, este capitalismo verde oliva y digital no supone solución alguna sino, al contrario, es la agenda con la que explícitamente hay que confrontar. Tampoco lo son las versiones neokeynesianas de este que, comprando su marco general y descontextualizando la emergencia climática respecto al conjunto de parámetros que definen el panorama internacional actual, plantean dirigir estrategias nacionales de transición desde gobiernos “progresistas” a través de una mezcla de pactismo con las grandes empresas, innovaciones tecnológicas y cambios sociológicos progresivos. Evitan, en consecuencia, cualquier transformación de calado y renuncian a la necesidad de generar movilización popular; niegan la lucha de clases; soslayan la relevancia estratégica de la propiedad pública; y obvian el carácter retardista de un poder corporativo, atravesado por el estancamiento secular y la sobrecapacidad productiva.

« Las victorias parciales son posibles y necesarias »
Queremos, por tanto, reforzar nuestra apuesta por el ecosocialismo como agenda estratégica de superación radical del estado de cosas actual. Y lo hacemos desde Euskal Herria, un país con su idiosincrasia, pero también atravesado por muchas de las variables que definen el contexto global en la actualidad: un país del Norte Global, pero sin soberanía para tomar decisiones en todos los ámbitos estratégicos; un país de renta alta, pero con una matriz económica vulnerable –automoción, aeronáutica, máquina-herramienta, siderometalurgia, sector armamentístico, etc.–; un país muy consumidor de energías fósiles, pero absolutamente dependiente del exterior; un país con instituciones volcadas en políticas en favor del poder corporativo, apuntalando su dinámica desde la esfera pública; un país, también, que cuenta con una mayoría sindical confrontativa y de clase, así como con una trayectoria de notable movilización popular.
Para el movimiento ecosocialista de Euskal Herria, la última década ha sido un tiempo de aprendizaje acelerado y de maduración política. Desde los III Encuentros Ecosocialistas Internacionales, las luchas ecosociales han avanzado en cuatro direcciones clave: la articulación interseccional entre sindicalismo, feminismo y ecologismo −con la mayoría sindical vasca asumiendo posiciones explícitamente ecosocialistas−; la huelga general por unas pensiones y vidas dignas de 2020; la huelga general feminista de 2023 en defensa de un sistema público-comunitario de cuidados; el arraigo territorial materializado en experiencias concretas (el proyecto de un Índice de sostenibilidad de Busturialdea-Urdaibai o el acompañamiento a la reconversión industrial de Mecaner); la defensa del territorio frente a los megaproyectos (museo Guggenheim Urdaibai…); y la construcción de una pedagogía ecosocialista que facilite su difusión y desarrollo.
Hemos aprendido también que las victorias parciales son posibles y necesarias. Que no hay transición justa sin conflicto ni movilización popular. Que el ecosocialismo en Euskal Herria solo tiene sentido si se construye desde lo común, lo feminista y lo internacionalista, en diálogo permanente con los pueblos del Sur global.

Abogamos pues por un ecosocialismo que, bajo una bandera de cuatro colores (verde ecologista, rojo de la justicia social, violeta feminista y negro del empoderamiento ciudadano) se construya sobre:
- La confrontación con el statu quo, situando en el centro la sostenibilidad de vidas dignas para la clase trabajadora, en su conjunto y con su diversidad.
- El vínculo de necesidad entre las luchas de clase, feministas, ecologistas, antirracistas, internacionalistas y antimilitaristas.
- Un horizonte que sitúe la explícita superación del orden hoy institucionalizado en torno al capitalismo.
- Estrategias de transición ecosocial justa que, aquí y ahora, permitan avanzar en términos de desmercantilización, descorporativización, emancipación, protagonismo de lo común, ajuste del modelo social a los límites biofísicos, y redistribución radical de la riqueza y de todos los trabajos (productivos y reproductivos).
Unas estrategias de transición ecosocial justa definidas por las siguientes claves:
- La apuesta por una planificación democrática y vinculante, como herramienta indispensable para responder al interés y los derechos, tanto de la clase trabajadora como de la naturaleza.
- El protagonismo de la propiedad pública y comunitaria como única garantía de control colectivo y viabilidad del proceso.
- La participación popular como condición democrática, ante un reto político de época.
- La justicia global, dentro de un panorama crecientemente imperialista y neocolonial.
- El desarrollo de alternativas de todo tipo, frente a la hegemonía actual de los megaproyectos.
- La articulación entre movimientos populares y sindicatos de clase, en dinámicas conjuntas para crear redes a favor de la vida que sean la punta de lanza de la transformación ecosocialista.

Estas claves estratégicas, en última instancia, deberían atravesar y dotar de identidad al impulso de nuevas agendas ecosocialistas:
- que pongan en el centro el cuidado de la vida, tanto de las personas, como de los ecosistemas;
- que sitúen como horizonte el decrecimiento justo y asimétrico, la electrificación y el impulso de transformaciones sociales, económicas y culturales, de calado;
- que incidan en la disputa con la extrema derecha reaccionaria y negacionista, desde propuestas que transformen la materialidad de la vida de las y los trabajadores en beneficio de lo común;
- que defiendan sin tapujos el “no a la guerra”, enfrentando la deriva militarista y sus estructuras principales, como la OTAN;
- que apunten al desmantelamiento de la arquitectura de la impunidad corporativa, blindada hoy por tratados de comercio e inversión, y otras fórmulas de perpetuar los intereses de las empresas transnacionales;
- que apuesten por una redistribución radical de la riqueza y de todos los trabajos;
- que abunden en cambiar las matrices económico-energéticas, priorizando enfoques como la soberanía alimentaria, la economía feminista, la economía solidaria, etc., mediante la relocalización, la soberanía, la cohesión y el equilibrio territorial.
- que avancen en la consideración de ámbitos sociales como vivienda, cuidados, educación y salud como derechos públicos, libres de mercantilización y, por tanto, ajenos a la dinámica capitalista.
Somos conscientes de que la actual agenda de las élites económicas y políticas, nos arrastra irremediablemente a un escenario caracterizado por un ecocidio y genocidio, de proporciones difícilmente predecibles, pero de terribles consecuencias, sobre todo para las personas y pueblos más vulnerables. La disyuntiva es clara: ecosocialismo feminista o barbarie. Apostemos entonces por defender la vida, la naturaleza y los derechos de la clase trabajadora, aquí y ahora, en todos los espacios y desde todos los ámbitos.
Gora Euskal Herriko langileria! Gora munduko langileria!
10 años de ecosocialismo en Euskal Herria
Más allá del crecimiento: alternativas para superar el paradigma del crecimiento ilimitado
Un mar de fueguitos para aglutinar fuerzas por una transición ecosocial justa
¡El TAV nos esclaviza!
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