Editorial
El próximo 17 de marzo ESK saldrá a la huelga General convocada por la mayor parte de los sindicatos en Euskal Herria.
Hace mucho tiempo que desde ESK venimos reclamando y reivindicando la necesidad de movilizarnos para poner freno a los múltiples ataques que estamos viviendo en las últimas décadas.
La concatenación de crisis económicas, aunque hayan tenido origen y causas diferentes, han tenido siempre las mismas consecuencias: quienes las han generado salen siempre beneficiados y quienes las sufrimos somos quienes la pagamos en todos los sentidos.
En los últimos años hemos asistido a crisis de todo tipo, económicas, bélicas, sanitarias... Y ante ellas la solución que nos ha ofrecido el sistema ha sido la de socializar las pérdidas y privatizar los beneficios, sumiendo cada vez más a las clases populares en una crisis perpetua de la que no se nos permite salir.
Al empobrecimiento generalizado de la clase trabajadora se le suma además la privatización de los servicios públicos y la crisis de cuidados. A pesar de que en la última década el movimiento feminista ha sido capaz de poner en el centro del debate los cuidados a través de las históricas huelgas feministas el avance de la ultra-derecha y de las políticas neo liberales nos están situando en un escenario de cada vez más privatización de los cuidados y familiarización de los mismos.
Comenzábamos 2020,a las puertas de la gran crisis sanitaria producida por la pandemia de la COVID-19, con una huelga general promovida por la Carta de los DDSS de Euskal Herria reclamando unas vidas dignas. 6 años después y tras una huelga feminista general en 2023, la situación poco ha cambiado y seguimos teniendo razones de sobra para una movilización general.
Desde ESK hemos impulsado todas y cada una de las luchas y movilizaciones que en este sentido se han producido en Euskal Herria porque si algo tenemos claro es que frente a su avaricia desmedida nuestras vidas, unas vidas dignas, valen mucho más. Lo hemos hecho y lo seguiremos haciendo, por eso apostamos de manera inequívoca por la ILP a favor de un SMI propio para Euskal Herria que se adapte a nuestras necesidades. Una ILP que sin embargo ni los Gobierbos Navarro ni el Vasco tuvieron en cuenta a pesar de las 156.811 firmas que la avalaban. El gobierno de Chivite ni siquiera permitió que se tramitara la ILP mientras el de Pradale negé su debate en lo que sin lugar a dudas supone un claro ataque a la democracia y a los derechos politicos más elementales de la ciudadania.
Esta sin duda, la actitud antidemocratica de los gobiernos de Iruña y Gasteiz que le han hecho el trabajo sucio a las patronales, ha sido la gota que ha colmado el vaso. Pero no olvidemos que el rechazo del SMI propio ha sido eso, una gota más en un vaso que ya estaba rebosando. Es por eso que desde ESK, al igual que lo hacen otros sindicatos, llamamos a la Huelga General el 17 de marzo, con una reivindicación propia que va más allá de la reivindicación de un SMI propio para Euskal Herria. A las trabajadoras y trabajadores si algo nos sobran son motivos para la huelga, el 17 de marzo todas a la huelga!
Razones para la huelga: Hacer frente a este sistema injusto
Las decisiones políticas y económicas que tanto los diferentes gobiernos como las patronales están tomando son la razón de que la clase trabajadora nos encontremos en esta situación. El empobrecimiento generalizado, la cada vez mayor precarización de las condiciones laborales y en definitiva las desigualdades que nos atraviesan no son algo que simplemente “tenía que pasar”. Es el resultado de decisiones políticas y económicas que han favorecido a unos pocos, mientras la mayoría de la gente tenemos cada vez más dificultades para vivir con dignidad.
A la clase trabajadora no nos alcanza el dinero para cubrir nuestras necesidades básicas. Y si a nosotras no nos llega, tampoco debería ser aceptable que quienes se enriquecen a costa de nuestro esfuerzo sigan acumulando beneficios. Por eso, el 17 de marzo saldremos a la Huelga General. Queremos enfrentarnos a un sistema injusto que nos quiere sumisas, preocupadas solo por sobrevivir y sin fuerzas para protestar.
Hoy en día, tener trabajo no garantiza una vida digna. Muchas personas trabajan todos los días y aun así no llegan a fin de mes. Muchas personas, principalmente mujeres, que han trabajado durante toda su vida reciben pensiones que no cubren sus gastos básicos. Y cuando alguien necesita una ayuda o prestación social, esta suele ser insuficiente para vivir con tranquilidad.
Algo tan básico como hacer la compra se ha convertido en un problema. Los precios suben sin parar y muchas familias tienen que hacer verdaderos esfuerzos para poder llenar la cesta sin endeudarse. Lo que antes era algo cotidiano, ahora es un lujo.
El acceso a la vivienda es otro gran problema. Tener una casa digna se ha convertido para muchas personas en un privilegio. Para las personas más jóvenes es prácticamente imposible independizarse. En nuestros pueblos y ciudades vemos cada vez más pisos turísticos, hoteles y viviendas vacías, mientras miles de personas no pueden acceder a un alquiler o a una vivienda en condiciones. Esto demuestra que el sistema prioriza el negocio por encima del derecho a un hogar.
No es que falten recursos o riqueza. Al contrario, sobran bienes y dinero. El problema es que están concentrados en manos de unos pocos. Mientras una minoría acumula grandes beneficios, la mayoría tiene que apretarse cada vez más el cinturón.
Además, el sistema fiscal en Nafarroa y en la CAV no está corrigiendo estas desigualdades. En lugar de reducir la pobreza, muchas veces la mantiene y la hace permanente. Las mujeres, la gente joven y las personas migrantes son quienes más sufren esta situación. La desigualdad no afecta a todo el mundo por igual: tiene rostro de clase y también de género.
No podemos aceptar un modelo basado en la explotación y la desigualdad. Se están debilitando los servicios públicos, se privatizan recursos esenciales, se precarizan nuestros trabajos y se encarecen los productos más necesarios. Al mismo tiempo, se destinan enormes cantidades de dinero público a la guerra y a la militarización, en lugar de invertirlo en mejorar la vida de la gente.
Mientras tanto, hay quien intenta dividirnos,difundiendo discursos de odio y culpando a otras personas trabajadoras de los problemas que vivimos, como si el enemigo fuera quien está aún peor que nosotros. Pero sabemos que la responsabilidad no es de nuestros compañeros y compañeras. El problema es un sistema económico que pone el beneficio por encima de las personas.
La ciudadanía tiene el derecho y también la responsabilidad de participar en la sociedad, de expresar su opinión y de luchar por cambios que mejoren la vida colectiva. Sin embargo, se han bloqueado iniciativas populares que buscaban debatir y aprobar un Salario Mínimo propio. Con esa actitud se ha impedido que la sociedad pueda decidir y debatir sobre su propio empobrecimiento.
Si no nos han querido escuchar en las instituciones ni en los centros de trabajo nos tendrán que escuchar en las calles.








