- Editorial
- Iritzia: La lucha por la vivienda frente a la lógica de la propiedad privada
- Lan mundua: Pan y rosas
Editorial
En este nuevo curso político, las calles de Euskal Herria vuelven a ser escenario de movilización. Una vez más, miles de personas defendemos los derechos humanos, sociales y laborales frente a un sistema que agudiza la desigualdad. En medio de una crisis capitalista de dimensión global, la cara más cruel del sistema queda al descubierto: unos pocos siguen acumulando beneficios obscenos mientras la mayoría padece las consecuencias de un modelo depredador e injusto.
El capitalismo, capaz de convertir cualquier conflicto en negocio, encuentra incluso en la guerra un motor de beneficio. El genocidio que Israel perpetra en Palestina desde hace décadas no escapa a esta lógica: empresas y capitalistas multiplican sus ganancias con el beneplácito de gobiernos alineados con la OTAN y la Comisión Europea, que impulsan un gasto militar desorbitado, hasta pretender que alcance el 5% del PIB.
Frente a esto, desde ESK nuestra posición es firme: defendemos la vida, la de las personas y la del planeta. En un contexto de emergencia climática y agotamiento de recursos naturales, no queda otra que apostar por una alternativa ecosocialista. Una que respete los límites del planeta, que ponga fin al expolio de los países empobrecidos y que promueva el reparto justo de la riqueza y la igualdad entre hombres y mujeres*.
Euskal Herria ha alzado su voz contra el sionismo y el genocidio en Gaza. El pasado 15 de octubre fue ejemplo de ello: una jornada histórica de paros y movilizaciones masivas que dejó claro que los y las trabajadoras no queremos ser cómplices del negocio de la guerra y de la muerte. masivas que dejó claro el rechazo absoluto a la complicidad con el negocio de la guerra y de la muerte.
La lucha social continúa también en otros frentes. El apoyo a la Iniciativa Legislativa Popular impulsada por el Movimiento de Pensionistas de Euskal Herria, que reunió 145.142 firmas en la CAPV, demuestra el gran apoyo social a una demanda clara: que la pensión mínima se equipare al salario mínimo interprofesional, una medida esencial para reducir la brecha de género generada por la desigual división sexual del trabajo y por la carga gratuita de cuidados que asumen las mujeres.
En esa misma línea, junto a la mayoría sindical vasca, en agosto presentamos ante el Parlamento Vasco 138.495 firmas en favor de un SMI propio para Hego Euskal Herria, ajustado a la realidad económica del país. En Nafarroa, sin embargo, el Parlamento ni siquiera permitió la recogida de firmas, rechazando de plano la propuesta ciudadana.
Ambas iniciativas han sido rechazadas sin siquiera abrir debate parlamentario, una muestra más de la actitud antidemocrática del Gobierno vasco, formado por PNV y PSE, que no duda en alinearse con PP y Vox para bloquear la participación social.
Quieren que callemos, que aceptemos sus negocios y su autoritarismo sin protestar. Pero se equivocan. Llega el momento de volver a llenar las calles, de alzar la voz con más fuerza, de transformar la indignación en acción. Para ello, el próximo 17 de marzo, saldremos a la calle en una jornada de huelga general en Hego Euskal Herria contra el empobrecimiento de la clase trabajadora.
Observamos con impotencia los constantes ataques imperialistas que solo buscan el control y expolio de los cada vez más escasos recursos naturales, el último y más claro ejemplo es la inaceptable agresión militar de EEUU sobre Venezuela con la que se daba inicio a este 2026. Frente a ello, vemos como nuestros gobiernos siguen los dictados del gran capital sin dudar en machacar a la clase trabajadora para ello. En ESK tenemos claro que solo con la movilización y las iniciativas sociales derribaremos el autoritarismo y frenaremos la huida hacia adelante del capitalismo.
Iritzia: La lucha por la vivienda frente a la lógica de la propiedad privada
En los últimos años, la lucha por la vivienda ha adquirido un peso creciente hasta situarse en el centro de las movilizaciones sociales y de numerosos conflictos impulsados desde el movimiento popular en Euskal Herria. Desde AZET Etxebizitza Sindikatua queremos analizar las causas de este fenómeno, poniendo el foco en cómo la lógica capitalista de la propiedad privada incide directamente sobre la clase trabajadora en materia de vivienda. Asimismo, buscamos identificar a los actores responsables de esta situación y señalar los conflictos que se derivan de ella en el ámbito sindical y social.
Para comprender el conflicto de la vivienda es necesario reconocer su doble función en el sistema capitalista. Por un lado, la vivienda es el espacio donde la clase trabajadora desarrolla su vida cotidiana y su trabajo reproductivo: descansar, alimentarse, sostener la vida y recuperar fuerzas para volver a ser explotada al día siguiente en los centros de trabajo. Por otro, al tener un valor de mercado, la vivienda se convierte en una mercancía, objeto de compra, venta y especulación, fuente de beneficio para la burguesía. Así, la vivienda es indispensable tanto para reproducir la fuerza de trabajo como para garantizar la acumulación de capital de propietarios, rentistas y fondos buitre. En esta contradicción —entre derecho básico y mercancía— se revela con claridad el papel de la vivienda en el capitalismo: la dificultad de acceder a ella no es una excepción, sino un problema estructural del propio sistema.
Este carácter contradictorio se manifiesta en el hecho mismo de que la vivienda tenga un precio, lo que impide o dificulta su acceso a la clase trabajadora. Aunque instituciones y políticos invóquen el “derecho a la vivienda”, mientras su obtención dependa de pagar uno o varios salarios, esta no podrá constituirse como un derecho efectivo, sino como un bien sujeto a las lógicas del mercado. En resumen, para acabar con el problema de la vivienda es imprescindible poner fin a su carácter de mercancía.
¿Pero a quién nos dirigimos cuando hablamos de esta lucha? ¿Quiénes son los responsables? El negocio inmobiliario involucra a una red amplia: constructoras, promotoras, fondos de inversión, entidades financieras que gestionan hipotecas, agencias de cobro y empresas intermediarias dedicadas a deudas e impagos. A ellos se suman las empresas de desokupación —a menudo vinculadas a grupos neonazis o matones a sueldo—que actúan con violencia e impunidad, protegidas por unas instituciones que amparan a rentistas y especuladores a costa de la vida de familias trabajadoras. Las mismas instituciones burguesas cuyo papel —como olvidarlo— es un ingranaje clave de todo el sistema: garantizar la propiedad privada, favorecer la especulación y vender barrios y pueblos al mejor postor, mientras reparten migajas e intentan desactivar la rabia social con promesas vacías. En definitiva, muchos agentes participan en el negocio de la vivienda, pero todos comparten el mismo objetivo: enriquecerse a costa de nuestras vidas.
En el contexto de crisis permanente que atravesamos, es la clase trabajadora quien recibe de nuevo el golpe más duro. La inflación y la pérdida de poder adquisitivo, consecuencia de la congelación salarial, dificultan mantener una vivienda digna, ya sea en alquiler o con hipoteca. La precariedad laboral y los sueldos insuficientes hacen casi imposible acceder a nuevas opciones habitacionales. A ello se suma la turistificación de los centros urbanos y cascos antiguos, que expulsa a sectores enteros de la clase trabajadora de sus barrios.
El resultado es una espiral de conflictos: impagos de alquileres e hipotecas, no renovación de contratos decidida por los propietarios, okupaciones de viviendas vacías y resistencia frente a los desahucios. De ahí nace la lucha por la vivienda que hoy se extiende por Euskal Herria y que desde AZET, en coordinación con otros agentes de la Euskal Herriko Etxebizitza Sindikatuen Sarea, impulsamos día a día mediante la organización sindical.
Lan mundua: Pan y rosas
La plantilla de Enviser, empresa subcontratada por el Ayuntamiento de Gasteiz para gestionar el mantenimiento de parques, jardines y el anillo verde de la ciudad, ha hecho historia con una huelga de 197 días.
El 8 de octubre, tras casi 200 días de huelga indefinida, la plantilla del servicio de limpieza y mantenimiento consiguió un acuerdo histórico que mejora sustancialmente sus condiciones de trabajo. Un acuerdo que ha tenido que ser arrancado a la empresa adjudicataria a fuerza de tenacidad y lucha.
Las trabajadoras y trabajadores de Enviser han conseguido unas mejoras salariales sustanciales, reducir significativamente la jornada laboral y más tiempo de descanso durante su jornada. Además en esta negociación han conseguido pactar nuevos derechos como 8 horas anuales de permiso para acompañar a familiares al médico, 2 horas anuales para la celebración de asambleas dentro del horario laboral y el derecho automático al contrato relevo para quienes cumplan las condiciones exigidas sin que haya necesidad de negociar con la empresa.
ESK valora este acuerdo como una victoria rotunda. La experiencia de Gasteiz, una vez más, avala los postulados de nuestro sindicato: no es posible avanzar en derechos sin pelearlos. La plantilla de Enviser ha demostrado que con organización y movilización se consiguen resultados. Estas trabajadoras y trabajadores han logrado salir del pozo de la precariedad más absoluta, provocada por las políticas de privatización y subcontratación salvaje de servicios públicos impulsadas por el ayuntamiento que dirigen PNV y PSE.
El convenio estatal anterior (2021-2024) había acumulado una pérdida de poder adquisitivo cercana al 13%. Tras la huelga, la plantilla recupera ese poder adquisitivo y mejora sus condiciones laborales.
Este es un acuerdo histórico, pero no ha surgido de la nada. Para que una huelga de estas características, con una plantilla precarizada y durante tantos meses de sus frutos es necesario contar con el compromiso y la valentía de las trabajadoras y trabajadores. Una plantilla que aunque ha pasado situaciones realmente complicadas ha salido adelante gracias a su implicación y su determinación para sostener las movilizaciones.
Sin duda las trabajadoras y trabajadores de Enviser nos han dado una lección sosteniendo un conflicto de por sí complicado que además ha estado marcado por la represión, las provocaciones e intoxicaciones de la concejala Beatriz Artolazabal, los bandazos del Ayuntamiento y las maniobras del sindicato ELA. Pese a todo ello, han sido capaces de mantener la huelga y negociar un acuerdo por el que todas y todos nos felicitamos.
El conflicto de Enviser, como tantos otros, nos deja además lecciones que no podemos olvidar y que nos han de servir para futuras luchas en este y en otros sectores.
Muchas veces cuando confrontamos con empresas que ofertan un servicio para el que han sido subcontratadas caemos en el error de responsabilizar a estas empresas de absolutamente todo. Vemos el árbol pero no vemos el bosque. Las administraciones públicas son las responsables de los servicios que ofertan a la ciudadnia, de que estos se realicen pero también de la situación que tienen las trabajadoras y trabajadores del servicio. ESK desde un primer momento apuntó al Ayuntamiento de Gasteiz como único responsable del servicio y de la situación generada y tal y como defendimos ha sido el Ayuntamiento quien finalmente ha desbloqueado el conflicto.
Las administraciones públicas cuando se enfrentan a este tipo de conflictos siempre pretenden hacernos creer que no va con ellos, que su responsabilidad se limita a que la licitación sea ajustada a la ley y eso no es cierto. El de Enviser no ha sido un conflicto entre empresa y plantilla. Ha sido un conflicto derivado de las políticas públicas del ayuntamiento, que enriquecen a una minoría multimillonaria a costa de la precariedad laboral de los y las gasteiztarras.
A la propiedad de Enviser —un fondo de inversión estadounidense que opera en Europa a través de Luxemburgo— no le ha preocupado lo que ocurría en Gasteiz. Simplemente ponen el cazo y reciben dinero público a espuertas mientras mantienen la precariedad laboral.
Una vez más, con este ejemplo, queda constancia del agotamiento de lo que llaman “colaboración público-privada” que no es otra cosa que desviar dinero público a manos privadas.
Tampoco podemos olvidar que para que un conflicto de esta envergadura pueda sostenerse hace falta también que se den otros condicionantes. En este caso particular, como en otros tantos, el apoyo social ha sido imprescindible.
Las trabajadoras y trabajadores de Enviser han recibido un apoyo social masivo desde el primer día: la militancia de ESK y LAB, la Red de Autodefensa Laboral de Gasteiz, el Movimiento de Pensionistas, decenas de colectivos sociales y personas a título individual han estado de manera incansable acompañando a diario a la plantilla...
El apoyo económico también ha sido fundamental. Las Cajas de Resistencia de los sindicatos han hecho posible sostener económicamente a las personas huelguistas durante 6 meses. Esto ha evitado que la plantilla cayera en el chantaje económico de no poder resistir la pelea por no tener ingresos con los que sobrevivir.
El papel del ayuntamiento ha sido también clave para entender el conflicto. Por un lado ha sido quien ha permitido que este conflicto se alargase tanto tiempo y a su vez su actitud ha hecho que la ciudadanía empatizase cada día más con las huelguistas.
El ayuntamiento ha permanecido dado bandazos constantemente. A los dos meses de iniciarse la huelga el ayuntamiento anunció la posible rescisión de los contratos con Enviser y, cuando la empresa aceptó, dijo que era inviable. Esto hizo perder meses en la posible resolución.
Beatriz Artolazabal, la teniente alcaldesa de Gasteiz, ha apoyado a la empresa y despreciado las reivindicaciones de la plantilla de forma a vergonzosa. Lejos de defender los intereses de los vecinos y vecinas de Gasteiz, ha defendido con uñas y dientes los intereses de un fondo de inversión estadounidense.
Una vez más se ha demostrado que la unidad sindical consigue grandes avances como han demostrado en este caso ESK-LAB. La plantilla mayoritariamente apoyó el posicionamiento de ambos sindicatos frente a ELA, un sindicato mayoritario, incapaz de mantener la unidad de acción. ELA, a los tres meses de huelga inició una negociación por su cuenta que rebajaba las reivindicaciones de la plantilla sin consultar con la plantilla y rompiendo los acuerdos sindicales. Tras fracasar en su estrategia, desaparecieron de la primera linea del conflicto de manera inaceptable.
Y a todo esto hay que sumarle unos servicios mínimos abusivos impuestos por el Gobierno Vasco que redujeron de manera importante el impacto de la huelga y atacaron descaradamente el derecho a huelga.
Esta victoria deja claro, una vez más, que luchar contra el depredador e injusto sistema capitalista y defender unas vidas dignas siempre merece la pena y además es posible. Nuestras jardineras y jardineros han peleado con uñas y dientes por el pan y lo han conseguido, ahora les toca disfrutar de las rosas.








